martes, agosto 04, 2026

DECLARALO BUENO

A toda persona se le ha dado un extraordinario poder, un poder que cada uno usa, con ignorancia o con prudencia, de manera destructiva o constructiva. Usado con ignorancia, este poder nos trae a nuestras vidas toda clase de aflicciones, pobreza e infelicidad. Usado con prudencia este poder nos transforma espiritual, mental y físicamente y trae a nuestras vidas más salud, mayores éxitos y más felicidad. Este extraordinario poder, un arma que esgrimimos todos los días, es el poder de decretar, el poder de nombrar o determinar la naturaleza o el carácter de nuestro medio ambiente, de nuestra experiencia y de nuestras vidas. Esta poderosa herramienta, el poder de determinación se nos enseñó en la notable historia de la creación, que se encuentra en los dos primeros capítulos del Génesis. A medida que tú lees éste maravilloso relato, te darás cuenta de que el hombre (eso quiere decir tu y yo) no fue creado para ser esclavo de las circunstancias, la víctima de sus condiciones ambientales, o una marioneta llevada de aquí para allá por poderes fuera de control. En lugar de eso, encontramos que el hombre ha sido colocado en el pináculo de la creación, que lejos de ser lo más bajo del universo, él es por los poderes que le dio el Creador, la autoridad suprema, designada por Dios para regir la tierra y a todas las criaturas que hay en él. El hombre ha sido dotado de los poderes mismos del Creador, porque Él dijo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y que tenga dominio sobre todo los seres.” El hombre es el instrumento a través del cual se manifiesta el amor, la vida y el poder del Espíritu Santo. Dios colocó al hombre en un universo obediente que le responde (incluyendo su cuerpo, sus asuntos y su medio ambiente que debe llevar a cabo todas las órdenes de esta suprema autoridad. El poder de decretar que tiene el hombre, el dominio que Dios le dio es irrevocable. Aunque la naturaleza del universo es buena, aparece como buena al hombre sólo en la medida en que él determina que así sea. De acuerdo a la Biblia, mientras el hombre permaneció obediente al Creador, mientras tuvo un pensamiento positivo y sus decretos estuvieron de acuerdo con el Espíritu del bien, que es la tela misma de la creación, vivió en un universo donde todo era bueno, el “Jardín del Edén.” Pero el hombre “cayó” y comió del árbol del conocimiento del bien y del mal.” Escogió basar su pensamiento en el uso de sus poderes tanto en el bien como en el mal, que como agente libre podía escoger, e inmediatamente encontró sudor y cardos mezclados con su pan de cada día Desde el momento de la “caída” el hombre ha estado ocupado, determinando que su mundo es bueno o malo y sus experiencias han estado de acuerdo con sus determinaciones. Esto nos muestra una manera sorprendente que tan obediente es el mundo hasta dónde se extiende la autoridad y el dominio completo que el hombre tiene sobre él. A través de los tiempos las personas inteligentes han discernido la relación entre la esclavitud del hombre respecto de las condiciones adversas y sus propias determinaciones. Jesús por ejemplo, nos dijo: “No juzguéis por las apariencias, sino juzgad con recto juicio” “porque con la vara que midas serás medido.” Jesús se dio cuenta de la docilidad de los elementos y poderes del universo a las determinaciones del hombre. Sabía que si los veredictos del hombre se basaban en algo menos que el conocimiento de que el universo es siempre bueno, estaba, en efecto, echando encima la carga de la apariencia mala de manera más firme. ENSANCHADORES MENTALES PARA DECLARAR QUE LAS COSAS SON BUENAS Mi propósito es dejar que el poder de Dios actúe en toda situación de la cual formo parte, declarando que es bueno. Mi mente es el instrumento de la inteligencia infinita y declaro que es buena. Mi corazón es el órgano a través del cual circula el amor infinito y lo declaro bueno. Mi cuerpo es el templo del Dios Viviente, y lo declaro bueno. Mi trabajo le concierne al Padre Celestial y lo declaro bueno. Libero mi mente consciente para que piense y actúe bien, declarando que es buena. Libero mi mente subconsciente de toda clase de hábitos y esclavitudes y la declaro buena. Declaro que mi mundo y todo lo que hay en él es bueno y confiadamente espero que sucedan cosas grandes y maravillosas en él Mi primera reacción con respecto a todo acontecimiento es declarar que es bueno. Este es el mundo de Dios, y estoy de acuerdo con veredicto de que es bueno. Viviendo con propósito. J.Sig Paulson