lunes, agosto 24, 2026

Encontrar la paz en medio del bullicio

Imagen ilustrativa de la paz espiritual


 

La paz no se encuentra únicamente en el silencio o en la soledad. Descubre cómo los instantes de belleza y presencia consciente en concurridas plazas italianas pueden ayudarnos a entrar en contacto con la profunda quietud que habita en nuestro interior.

Durante un viaje reciente a Italia, esperaba encontrar belleza en la arquitectura, la historia y los paisajes rurales. Lo que no imaginaba era que encontraría la paz en los lugares más inesperados.

Encontrar paz en lugares inesperados

Una noche, en Venecia, llegué con una querida amiga y compañera de viaje a la Piazza San Marco después del anochecer. Durante el día, la célebre plaza había estado llena de turistas, movimiento y bullicio. Sin embargo, al caer la noche, algo cambió. Nos sentamos en unas escalinatas —más tarde supimos que estaba prohibido— y saboreamos unos cannoli mientras unos músicos tocaban suavemente cerca de nosotras. Algunas personas aún paseaban por la plaza, pero nadie parecía tener prisa. Las conversaciones se mantenían en voz baja. La música se escuchaba suavemente en el aire nocturno y la luna resplandecía en el cielo. Poco a poco, una profunda serenidad pareció envolver todo el lugar.

Unos días antes había vivido algo semejante en Florencia.

Con frecuencia nos convencemos de que sentiremos paz cuando cambien las circunstancias: cuando la agenda se despeje, el problema se resuelva o el mundo se vuelva un poco menos caótico. Sin embargo, la paz que depende de las condiciones siempre será frágil.

Al atardecer, miles de personas se reunieron en Piazzale Michelangelo para contemplar cómo la luz menguante cubría la hermosa ciudad. El lugar estaba mucho más concurrido que la plaza veneciana y, aun así, a medida que el sol se acercaba al horizonte, ocurrió algo inesperado: la multitud pareció aquietarse. Las personas hablaban en voz baja. Algunas permanecían sentadas tranquilamente con sus amigos; otras se limitaban a contemplar el paisaje. Aunque me encontraba rodeada de miles de desconocidos, experimenté una profunda sensación de paz.

Cuando la multitud se aquieta

Al recordar esos momentos, me sorprende reconocer que no fueron las experiencias más grandiosas de un viaje lleno de recorridos, trayectos en tren y visitas a lugares que siempre había soñado conocer. Fueron, más bien, pausas sencillas en medio de una travesía tan hermosa como intensa, y aun así, son los recuerdos que más han perdurado en mi memoria. En realidad, ninguno de aquellos lugares estaba en silencio. Había música, conversaciones y multitudes. Aun así, ambas experiencias me recordaron una verdad sencilla: la paz no es la ausencia de ruido.

Con frecuencia nos convencemos de que sentiremos paz cuando cambien las circunstancias: cuando nuestra agenda se despeje, el problema se resuelva o el mundo se vuelva un poco menos caótico. Sin embargo, la paz que depende de las condiciones siempre será frágil.

Lo que más me llamó la atención fue que nadie parecía indicar cómo debía comportarse la multitud. No había letreros ni anuncios que invitaran a guardar silenzio. Y, sin embargo, las personas comenzaron naturalmente a bajar la voz , como si la belleza del momento despertara en todos un mismo impulso de respeto y contemplación.

El poder espiritual de la presencia

Unity enseña que la paz es una cualidad espiritual que mora en nosotros y forma parte de nuestra naturaleza divina. No la creamos al intentar controlar el entorno; la descubrimos al volver la atención hacia nuestro interior.

Aquellas experiencias me llevaron a preguntarme si la belleza tiene el poder de despertar la conciencia de lo sagrado que mora en nuestro interior.

Ante un atardecer imponente o la música suave que recorría una plaza veneciana, las personas parecían reconocer instintivamente que aquel momento merecía ser contemplado plenamente. Durante unos instantes, las distracciones se desvanecieron y un grupo de desconocidos compartió una experiencia colectiva de asombro y contemplación.

Tal vez la paz no sea algo que creamos, sino algo que recordamos.

Basta un instante de belleza —un atardecer sobre Florencia o la música que se eleva en la Piazza San Marco—, para que regresemos a ella de manera instintiva.

La quietud permanece

Quizá por eso estos recuerdos continúan tan vivos en mi memoria. Me recordaron que la paz no se encuentra únicamente en santuarios silenciosos ni en la soledad. A veces se manifiesta en una plaza concurrida, bajo la luz del atardecer o en medio de una vida llena de actividad. Está a nuestro alcance cada vez que recibimos con plena atención el momento presente.

Tal vez el mundo exterior nunca llegue a estar completamente en silencio. Sin embargo, en medio del bullicio, podemos hallar quietud.

 


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