Las dos pequeñas palabras YO SOY son las más grandes en el mundo. Poca gente comprende la plenitud de su impacto. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”.—Juan 14:6 “Mi verdadera naturaleza es el temor”. “Mi verdadera esencia es estar enferma y cansada”. “La pobreza es la voluntad de Dios para mí”. “La vejez es mi herencia divina”. ¡Ay! Esas palabras te ponen los pelos de punta, ¿no es cierto? ¿Quién diría tales palabras, especialmente a la luz de lo que ahora sabemos sobre el poder de nuestras palabras? Sin embargo, es chocante saber que muchos de nosotros difundimos el equivalente de esas declaraciones horribles todos lo días. ¿Cómo? Al seguir las palabras poderosas Yo soy (o Yo estoy o Yo tengo) con algo menos que la voluntad de Dios para nosotros: “Tengo tanto miedo de caerme”. “Estoy enfermo y cansado de tu comportamiento”. “Yo soy demasiado pobre y no tengo medios para tener eso”. “Yo soy demasiado viejo para poder viajar”. Estas son las clases de declaraciones que oímos por todo nuestro alrededor, tal vez hasta nosotros mismos las decimos. Pero tales declaraciones son peligrosas, incluso letales. Eso se debe a que ellas contienen esas dos pequeñas palabras: Yo soy (o Yo estoy o Yo tengo). Las palabras Yo soy son tan poderosas que deben ser dichas con mucho cuidado. ¿Por qué? Porque las palabras Yo soy son tu verdadera identidad. Ellas son tu nombre espiritual, la identidad de tu ser espiritual tu YO SOY es el nombre de la naturaleza de Dios en ti y de todo el potencial divino en ti. El YO SOY es tu verdadera identidad. Siente el poder Si quieres sentir el poder de las palabras Yo soy (o Yo estoy o Yo tengo), sustituye las palabras “mi naturaleza es ser…, o …es la voluntad de Dios para mí”. Por lo tanto, el comentario aparentemente inofensivo: “Estoy muy preocupado”, se traduce a: “Mi verdadera naturaleza es preocuparme”. El comentario dicho con frustración: “Estoy absolutamente devastado” se vuelve: “Es mi naturaleza estar devastado”. La declaración: “Soy diabético”, es realmente la aserción: “La diabetes es la voluntad de Dios para mí”. Declaradas de esa manera, dichas palabras te inquietan porque sabes que estás reclamando como tuyo algo que no deseas. Que te estás identificando con algo que está muy legos de ser su esencia espiritual. Cuando empleas las palabras Yo soy. Reclamas a la gran Inteligencia Creativa del universo que te transforme en aquello con lo cual te identificas. Cuando pones sentimientos negativos en declaraciones con "Yo soy" O "Yo estoy", estas afirmaciones aparentemente inofensivas adquieren una seriedad que cambia la vida. ¿Puedes creer realmente que la preocupación sea parte de tu naturaleza? Desde luego, te preocupas y sientes ansiedad a veces, todos permitimos que las circunstancias nos Intimiden, pero ¿es la preocupación parte de tu verdadera naturaleza? ¡Nunca! Hay veces cuando los sucesos nos hacen sentir devastados: la muerte de un ser querido, un revés financiero serio, una relación que fracasó. Pero decir: "Me siento devastado" es muy diferente que reclamar: "Yo soy una persona devastada". Lo que sientes es transitorio, lo que eres es eterno. ¿Qué hay en cuanto a identificarte con una enfermedad (por ejemplo: "Soy diabético")? Si el deseo de Dios para nosotros es el bien absoluto, entonces ¿cómo puede Dios infligir diabetes en una persona? Mas si insistes en reclamarla, en hacerla parte de tu identidad, entonces es tu enfermedad porque te mantienes bien firme en ella. Elige tu identidad En muchas convenciones, en una mesa al frente de la sala principal de conferencias, ponen etiquetas con los nombres de los asistentes. Se espera que encuentres la etiqueta con el tuyo y que te la pongas. Tú cuidadosamente buscas la etiqueta con tu nombre, ya que no quieres que te confundan con otra persona. Lo mismo sucede con tu uso del YO SOY. Tú mismo escoges con lo que te identificas. Acudes al universo para identificarte con lo que reclamas y luego para ayudarte a manifestarlo en tu vida. Tu YO SOY es tu verdadera identidad. De hecho, es tu única identidad. Solamente tú puedes decir las palabras Yo soy. Solamente tú puedes dirigir la energía de esas palabras a un universo que espera cumplir tu mandato. ¡Cuán victoriosamente Jesús empleó las palabras Yo soy! Sus declaraciones de identidad son diseminadas en las Sagradas Escrituras desde "Yo soy el pan de vida" (Jn. 6:35). "Yo soy la luz del mundo" (Jn. 8: 12), "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn. 11:25), hasta "Yo soy el Alfa y la Omega" (Ap. 22: 13). Hace algunos años, un anuncio comercial de televisión de una compañía de corredores de bolsa mostraba un lugar lleno de gente parlanchina. La cámara de televisión enfocó dos personas que hablaban en privado. Una dijo a la otra: "Mi corredor es fulano de tal, y él dice que .... " De pronto, hubo un gran silencio en el lugar y todos se pusieron a escuchar ávidamente lo que fulano de tal creía sobre la bolsa de valores. De manera semejante, todas las energías creativas del universo se detienen y escuchan cuando decimos "Yo soy ... " ya que su función es traernos todo lo que reclamamos para nosotros. Dichas energías están preparadas siempre para entrar en acción cuando presentamos un reclamo. ______________________________ Tomando el nombre de Dios en vano En tu niñez aprendiste probablemente los Diez Mandamientos. ¿Recuerdas el tercero?: “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano: porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (Ex. 20:7). Personalmente, creíamos que eso quería decir no maldecir usando el nombre de Dios. Mas las ramificaciones de ese mandamiento son mucho más profundas que eso. Cuando Moisés confrontó la zarza que ardía y se le dijo que regresara a Egipto, él preguntó cuál era el nombre de Dios. Se le dijo: "Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros .... Este es mi nombre para siempre" (Ex. 3:14-15). Así llegamos a aprender que el nombre de Dios es YO SOY. Ahora bien. ¿podría ser una mera coincidencia que el nombre de Dios es el mismísimo nombre que usamos cuando nos referimos a nosotros? De ningún modo, cuando recordamos que Jesús describió con mucha claridad la existencia de Dios y de Su reino en nosotros. El insistió que el Padre y nosotros somos uno. Para Jesús,el punto focal de Dios y de esa unidad está, en verdad, dentro de nosotros. De hecho, es el YO SOY de nosotros. el Cristo de nosotros. De lo prístino a lo personal En su expresión más prístina, el YO SOY de nosotros es semejante a Dios: eterno. puro e incambiable. Si unimos una restricción humana a nuestro YO SOY, limitamos su expresión a través de nosotros. Ya no es eterno, puro e incambiable. Es ... ¡vaya!, cualquier cosa que decimos que es. El YO SOY es impersonal y universal, mas le otorgas carácter individual cuando dices: "Tengo ..." o "Estoy .... " Estoy enojado. Tengo miedo. Estoy enfermo. Sin embargo, frases como esas reflejan tu ser humano y expresan tu universo personal. Tu verdadero YO SOY no puede estar enojado o tener miedo. Tu YO SOY auténtico no puede enfermarse porque YO SOY es el nombre de la naturaleza divina en ti. YO SOY es la esencia de la potencialidad de Dios que se expresa como tú. Por lo tanto, YO SOY es todo paz, todo poder, toda perfección. El nombre que es una llave Volvamos al tercer mandamiento. Vemos que el nombre de Jehová en este mandamiento es realmente YO SOY. Es la presencia de Dios, no solamente en una zarza ardiente, sino en ti. De hecho, es la presencia de Dios siendo tú. Por lo tanto, cuando unes una palabra negativa o falsa a tu YO SOY, tomas el nombre de Dios en vano. Jesús dijo las palabras "Yo soy" cuando se refirió a sí mismo como "el camino, y la verdad, y la vida". El decía que Su YO SOY —Su identidad crística— es el camino, la verdad y la vida. El enseñó que la misma presencia, el YO SOY en cada uno de nosotros, es la semilla de nuestra salvación, es nuestro camino, nuestra verdad y vida. Es la llave que abre la puerta a lo que hemos de ser. Cuanto más adquiramos el hábito de usar el YO SOY en la manera correcta, tanto más efectivo se vuelve para crear una vida superior para nosotros. Como con todo ejercicio, mientras más lo practiquemos, más diestros llegamos a ser. Haz valer YO SOY Piensa en esto. Cuando dices: "Yo soy", ¿qué dices realmente? Es, antes que nada, tu identidad, lo que reclamas para ti. Es cómo identificas quién eres y lo que eres. Lo que expresas después de las palabras Yo soy refleja tu estado de conciencia. Refleja la idea que tienes de ti mismo, y lo que piensas se proyectará finalmente en el mundo visible. Lo que dices después del 'Yo soy' es lo que vinculas al nombre de Dios, y Su nombre. YO SOY, no es un concepto estático porque Dios siempre está creando. Su naturaleza es crear. Y como somos cocreadores de nuestro mundo con Dios, el uso de nuestro YO SOY es el formador dinámico de nuest.ro mundo. El YO SOY es una energía creativa y progresiva que trae siempre a nuestro mundo exactamente aquello con lo cual nos identificarnos. Al usar el YO SOY, formamos y moldeamos las circunstancias y sucesos de la vida. Toma la etiqueta correcta Lo mejor de todo esto es que el YO SOY en ti, tu ser divino, siempre busca proyectarse visiblemente como tú. Es la fuente de tus deseos en su nivel más espiritual. Lo que deseas ser en el nivel más alto, lo puedes ser porque este deseo es la conciencia intuitiva y la expresión de tu YO SOY. El poder de la oración es levantado a una meseta mas alta cuando unes la energía del YO SOY (o YO ESTOY o YO TENGO) con tu deseo mas ferviente: “Yo estoy saludable y bien”. “Yo tengo paz”. “Yo soy próspero y tengo éxito”. “Yo soy una expresión del Espíritu”. De repente, es obvio la importancia de hablar sólo las palabras de aquello que deseamos manifestar en nuestras vidas. Lo que unimos a nuestro YO SOY dirige el poder creativo de la Mente infinita. Depende de nosotros dirigirlo positiva o negativamente. La mesa contiene todo tipo de etiquetas con distintos nombres que podemos tomar como nuestros: temor o paz, enfermedad o salud, pobreza o prosperidad, desesperación o inspiración. Mientras más nos identificamos con nuestro YO SOY y lo empleamos correctamente, tanto más llegaremos apreciar el poder de Dios activo en nuestras vidas. Tu origen divino En la conciencia de la esencia crística en ti, puedes tener la seguridad de que Dios es tu fuente y que eres heredero de todo Su bien. Si recuerdas tu origen divino y, más importante, recuerdas que el YO SOY en ti tiene sus raíces en ese origen, emplearás automáticamente ese beneficio poderoso para mejorar tu vida. El YO SOY en ti es lo que eres. Es la norma a la cual unes todo lo que eliges para llevarte a través de la vida. Puedes elegir mediocridad o puedes elegir grandeza. Mantén muy alta la norma de tu vida.