Leer Mateo 5:17-20; 38-48 “Tan lejos como oriente está del occidente, así ha removido nuestras transgresiones de nosotros.” La gracia significa buena voluntad, favor, disposición a mostrar misericordia. Así, no nos sentimos como siervos de la ley, sino como receptores de la gracia de Dios, hijos del Altísimo. La gracia de Dios se extiende para todos, no sólo para una secta o credo. Todos los hombres son iguales en el favor de Dios. La gracia de Dios es mayor que las leyes de los hombres. Para volvernos receptores de aquello que el Padre nos quiere dar, debemos tomar en consideración el elemento de la gracia; saber que aún más allá de lo que pedimos, buscamos, ganamos o merecemos bajo la ley, Dios está más que dispuesto a darnos. Dios como el gran principio creador del universo, siempre nos saldrá al encuentro a más de la mitad del camino. Volviéndonos receptivos a la “gracia de Dios, recibimos la medida de la provisión de Dios, que excede todo lo que podamos imaginar. Percibo la realidad que “la gracia y la verdad vinieron con Jesucristo”; es decir, el verdadero poder salvador, redentor y transformador, viene a mí en el trabajo que hizo Jesús estableciendo para la raza una consciencia nueva y superior en la tierra. Entro en esa consciencia por fe en El y por medio del espíritu de la ley que El enseñó y practicó. Yo afirmo: Por la gracia de Dios soy perdonado y sanado”.