Leer Mateo 9: 14-38. La salud, la salud real, viene de adentro y no tiene que fabricarse en lo externo. Es la condición normal del hombre, una condición que responde a la realidad de su ser. El primer paso en toda curación espiritual es el uso de la fe, y el que sigue es volvernos abiertos y receptivos a la corriente de vida sanadora. La curación espiritual restaura a perpetua salud, porque borra el pensamiento de error, y limpia la mente. Con el ejercicio de la fe y nuestra palabra, nuestra unidad espiritual se funde en unidad con el poder de Cristo y la curación se hace maravillosamente. Se dice que los primeros cristianos, antes de salir a sus poderosas obras, mandaban a la nuva vida de Cristo a surgir y saturar su consciencia con su potencia sanadora a tal extremo, que fluyera a través de ellos y sanara a todos aquellos a quienes aplicaban a su ministerio. Descubrieron que cuando repetían muchas veces la más poderosa oración de Jesús, el Padre Nuestro, el Cristo escondido en cada uno de ellos era llamado a la acción. Descubrieron también que la décimo quinta vez que decían la oración, las aguas de las tribulaciones y toda clase de enfermedades empezaban a bajar, y esa realización levantaba la consciencia de aquellos que estaban pidiendo ayuda. Toda tribulación y enfermedad desaparecería. La experiencia prueba el poder de las palabras para traer salud. Al sanarme yo mismo, hablo a mi cuerpo, repitiendo negaciones y afirmaciones necesarias. Esto levanta mi consciencia a la realidad espiritual donde se origina todo poder sanador. Afirmo con fe: “Por medio de de Jesucristo, la energía vitalizadora de Dios inunda todo mi ser, y soy sanado”.