miércoles, febrero 06, 2019

DIOS NO CAUSA SUFRIMIENTO

Muchas personas nos enseñan que es “la voluntad de Dios” que suframos. Esta idea es tan fuerte que, cuando estamos enfermos, quizás dudemos aun nuestro derecho de sanar. O quizás creamos que Dios quiere que estemos enfermos para que Él pueda enseñarnos una lección de compasión y empatía. Pero ¡esto no es la verdad de nuestro Padre celestial! Dios tiene compasión y está lleno de amor. Él no tiene que enseñarnos una lección de compasión y empatía por medio del sufrimiento.

Sin embargo, porque no hemos entendido apropiada mente “la voluntad de nuestro Padre”, nos hemos condenado nosotros mismos a una vida de pobreza, enfermedad, soledad y sufrimiento.

Cuando nuestros niños están enfermos, ¿no hacemos todo en nuestro poder para que sanen? Estoy seguro de que no causaríamos sufrimiento a nuestros hijos para enseñarles una lección.

Queremos que nuestros niños aprendan a ser sensibles y tener empatía. Pero no queremos que ellos estén enfermos para aprender esta lección. Si nosotros quienes nos equivocamos sabemos dar regalos apropiados a nuestros niños, ¡cuánto más puede hacer tales cosas nuestro Padre celestial!

Por cierto, nuestro Padre no nos envía la enfermedad para enseñarnos una lección. Traemos infortunio a nuestras propias cabezas sin la ayuda de Dios.

Esperanzadamente, con todo, cuando nuestro sufrimiento nos lastima en extremo, despertaremos al error de nuestra manera de vivir y cambiaremos el estilo de vida que nos ha traído las dificultades.

Dios no inflige ninguna maldad sobre la gente. Por ejemplo, causamos las enfermedades cuando rompemos las leyes de salud natural.

Somos frecuentemente insensibles a nuestras necesidades de salud cuando albergamos odio, resentimiento y amargura.

Estas cosas se manifiestan en nuestros cuerpos como diversas enfermedades.

También, estas enfermedades son creadas por un mal ambiente y ciertos modelos culturales. Digo estas cosas solamente para revelar que no es Dios quien engendra estas maldades. Hemos creado estos problemas trabajando contra nuestro propio bien o por premeditación.

Las enfermedades no se originan en Dios. Cuando nos damos cuenta de que Dios es por nosotros, ¿entonces, quién o qué puede estar contra nosotros? Se escribe: “Qué, pues, diremos acerca de estas cosas? ¿Si Dios es por nosotros, quién puede estar contra nosotros?”