Leer Mateo 13:24-53 Dios idealizo dos planos universales de consciencia: el cielo y la tierra, o más propiamente, “los cielos y la tierra”. Uno es el reino de los puros ideales; el otro, el de las formas de pensamiento. Dios no crea el universo visible directamente como hace el hombre pavimentos de cemento, sino crea las ideas que usa Su inteligente “imagen” y “semejanza” para crear el universo. Así las creaciones de Dios son siempre espirituales. Las creaciones del hombre son materiales y espirituales de acuerdo a su comprensión. Jesús, entre todos lo que reclaman intima relación con las cosas espirituales, le dio al cielo locación definida. “El reino de Dios está dentro de vosotros.” Lucas 17:21. Este reino está ahora preparado. “Los campos…están blancos ya de cosecha.” Juan 4:35. Las condiciones están maduras. Pero sólo entran los que están dispuestos a cambiar por él sus ideas de posesiones terrenales. Todo eslabón terrenal debe romperse , todo amor mortal, crucificarse. Esta es la manera como Jesús entró en este reino y Su manera es la que todos debemos emplear. El cielo está presente en todas partes. Es el ordenado, legítimo ajuste del reino de Dios en la mente, el cuerpo y los asuntos del hombre; en la consciencia de Cristo, el reino de las ideas divinas, un estado de consciencia en armonía con los pensamientos de Dios. El cielo está en cada uno de nosotros; un lugar, una esfera consciente de la mente con todas las atracciones descritas o imaginadas como pertenecientes al cielo. Percibo como realidad que la fe en el Espíritu y el dominio final del bien me restauran a la consciencia celestial de donde descendí. Afirmo: “El cielo en mí es perfecta vida armoniosa, sustancia e inteligencia, y yo me regocijo”.