martes, enero 08, 2019

Al abrigo del Altísimo

¿Hay algún lugar verdaderamente seguro hoy día?
En una época de vasto crimen, violencia repentina y terrorismo internacional, "los lugares seguros" tienen mucha demanda y son muy difíciles de encontrar. La mayor parte de las ciudades tienen comunidades con entradas cercadas para aislar y proteger a los que viven dentro. La gente en todas partes busca refugiarse de las fuerzas externas que son percibidas como negativas y peligrosas.
Sin embargo, el salmista nos dice esto: "El que habita al abrigo de! Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente" (Sal. 91:1). Y se nos ofrece más seguridad: "Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, note sobrevendra mal ni plaga tocara tu morada" (Sal. 91:9-10).
¿Qué es habitar "al abrigo del Altísimo"? Charles Fillmore, cofundador de Unity, llama este sitio de seguridad un "aposento interno... el lugar en nosotros donde encontramos conscientemente a Dios". La Dra. H. Emilie Cady, autora de Lecciones acerca de la Verdad, lo llama un lugar de encuentro entre el Cristo en el centro de nuestro ser y nuestra conciencia, un sitio oculto e inaccesible que no es revelado sino a nosotros.
Es al lugar secreto de! Altísimo que Jesús se refirió cuando dijo: "Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mi" (Jn. 14:11). Jesús también afirma la verdad de un santuario espiritual interior: "El reino de Dios dentro de vosotros está" (Lc. 17:21, Version Popular). Pablo añade su propia comprensión: "Cristo en vosotros, esperanza de gloria" (Col. 1:27). El verdadero lugar seguro
Poseer un lugar interno de seguridad es crucial para lograr la paz mental. Confiar en alguna cosa en el universo material para protegernos nos lleva a una consiguiente desilusión. Las verjas más altas pueden ser escaladas o rotas. Aun los guardaespaldas armados pueden ser ineficaces para evitar el daño a aquellos quienes protegen. Además de nuestra vulnerabilidad física, las heridas emocionales no se pueden evitar con defensas estrictamente materiales. La riqueza, la fama y el poder son condiciones transitorias que raras veces ofrecen seguridad en el curso de la vida. En el mundo inquieto y superficial de la materialidad, el cambio constante es la única cosa segura. Los mercados fluctúan, las cuentas de banco se disuelven, la juventud y la belleza merman, la salud física y mental se deterioran y el poder personal y el poder corporativo se evaporan.
Una vez que entramos en nuestro lugar secreto del Altísimo, la protección eterna nos aguarda. Entramos en un reino de seguridad, calma, serenidad y paz. Esta intersección divina de Dios, el Cristo, y nuestra conciencia más elevada proveen un cenit de poder silencioso. En este lugar secreto que sólo ésta abierto para nosotros. descansamos en la perfección espléndida de nuestra herencia espiritual. Somos imbuidos con la esencia de Dios. En esta esencia no solamente hay seguridad, sino descanso de toda condición externa. Disfrutamos de! enriquecimiento que llega de alinearnos con el Espíritu. Sentimos arnor, sabiduría, paz, alegría, vida y todos los atributos positivos que vienen de reflexionar en Dios. Este lugar de paz interna se vuelve nuestro santuario fundamental. Bendecido por la presencia de Dios, este lugar sirve de magnífico proveedor para toda necesidad espiritual y material. Somos confortados, animados y fortalecidos.
Podemos enfrentar los retos de salud, prosperidad y discordia en lo externo. En nuestro reino privado del Espíritu, encontramos alivio y energía para afrontar, superar y vencer toda apariencia negativa.

Encontrando el lugar secreto
¿Cómo nos transportamos a este lugar secreto? ¿Cómo obtenemos el acceso divino a él? Y, una vez que hayamos logrado entrar, ¿cómo descansamos y vivimos en él continuamente? Otra pregunta es ésta: Una vez que hayamos logrado entrar, ¿podemos perder realmente la llave sagrada que abre la puerta del lugar secreto?
Hallar nuestro centro de paz comienza con identificar el ambiente físico apropiado. En algún lugar en nuestro mundo material existe un espacio ya preparado para nosotros. Nuestro deber es encontrarlo. Este santo lugar puede ser una silla, un sofá, un cuarto, un antepecho de ventana, o un porche en frente o detrás de la casa, o puede ser un lugar fuera debajo de un árbol, un jardín de flores, o miles de otros lugares. Cuando llegamos a nuestro lugar santo, ocurre una preparación. Estamos listos para entrar en el silencio.
En este silencio es donde nuestra conexión con Dios empieza. Comenzamos desvinculándonos del ruido en lo externo y alineándonos con la calma en el centro de nuestro ser. Este viaje a la unidad con el Espíritu permanece singularmente nuestro. Ningún alma jamás viaja exactamente por el mismo camino que otra. Podemos llegar a nuestro centro espiritual despacio o casi en seguida. La rapidez no irnporta, sólo importa que empecemos conscientemente nuestra búsqueda de la Presencia.
El descansar en el silencio puede ser desalentador para muchos viajeros espirituales. Nuestras mentes ocupadas a menudo carecen de la habilidad de dejar ir y permitir que el Espíritu entre en nuestra conciencia. La mayor parte de nosotros tiene la necesidad humana de controlar nuestros pensamientos. El dejar que el hábito de controlar se disipe requiere madurez espiritual y confianza. Sin embargo, nuestra conciencia interna de Dios no puede suceder hasta que la verdadera entrega ocurra.
Para encontrar el lugar secreto, debemos dejar que el mundo se encarge de sí mismo. Ponemos a un lado toda preocupación y ansiedad. En nuestro objetivo de unirnos finalmente con la Mente de Dios, debemos calmar todo ruido externo. Mucha gente usa una palabra, frase o pasaje de la Biblia que ayuda a apartarla de lo externo. No importa el método que se use, Ia quietud debe prevalecer finalmente. La mente ocupada tal vez se retire con renuencia, pero debe retirarse para permitírsele acceso a Ia Mente Divina.
Una vez que esta limpieza mental tiene lugar, nuestro verdadero viaje comienza. Nos aventuramos hacia el lugar secreto del Altísimo. Aquí recibimos purificación. La fortaleza, el poder y la sabiduría de Dios purifican toda duda, temor, ansiedad e incertidumbre. La polución negativa que por lo general satura nuestros pensamientos es eliminada. Vinculamos nuestra mente consciente con la superconsciencia que siernpre permanece en el centro de nuestra espiritualidad innata. Nos levantamos a otro nivel y descubrimos nuestro ser más elevado. Este es el ser que contempla prontamente, el Cristo en toda gente y situación, el ser que detesta juzgar a otros y vive en un estado constante de perdón, protección y gracia. En este espacio elevado, el lugar secreto se vuelve una realidad. La voz quieta y apacible puede aparecer como cornpañera y guía a medida que nos movemos a este bendecido santuario de paz. Experimentamos una verdadera conciencia de Dios al sentir o, en realidad, percibir la presencia del Espíritu expresándose. Al escuchar en lo más profundo de nuestro ser, nos aprovechamos del conocimiento de las edades.
¿Cómo podemos saber que esta voz interna habla verdaderamente de lo alto? Si el mensaje contiene pensamientos de esperanza, valor, consolación, fortaleza, sabiduría, aliento y amor, estamos en verdad unidos a nuestra Fuente.
Una vez terminado este tiempo de descanso en el lugar secreto, llega el momento cuando debemos volver al mundo material. El prepararnos para salir mentalmente de tal centro de calma y tranquilidad puede ser difícil. Pero podemos volver ahora a nuestro mundo físico renovados y restaurados. Sin embargo, antes de dejar este refugio interno nos queda la necesidad de dar gracias. Hemos recibido realmente un regalo importante. Aunque el lugar secreto no tiene un precio de entrada, es necesario y apropiado expresar gratitud. Un simple "Gracias, Dios" siempre basta. Hemos estado en la presencia y protección del único Espíritu y la única Presencia en el universo.
¿Cuándo y cuán a menudo podemos volver al lugar secreto del Altísimo? Esto es opción nuestra. Podemos viajar a la capilla del silencio en cualquier momento que deseemos. Dios siempre nos da la bienvenida a este reino extraordinario. Todo minuto que pasamos en comunión con el Espíritu nos acerca más a la perfección espiritual. Finalmente, llegará el día cuando vivamos más en el lugar secreto del Altísimo que en el reino externo. Cuando llegue ese momento, una vida de paz y seguridad se volverá más posible. Descansamos continuamente en la luz, el amor, el poder y la presencia de Dios, y sabemos que todo está bien. Afrontamos nuestras confusiones, ansiedades y retos diarios con la seguridad de que nuestro sitio de protección está tan cerca como una oración.




por Allen Liles