La vida puede ser dura y a menudo llegamos a un punto donde sentimos que está fuera de control —como que si estás tratando de recoger piezas de un rompecabezas que continúa cayéndose. Pero al dejar ir y entregarnos al orden divino, encontramos que las piezas parecen arreglarse solas milagrosamente y de repente, vemos toda la imagen. El orden divino toca cada parte de nuestras vidas. Es el fluir de la mente universal a medida que nos guía a nuestra satisfacción personal. A menudo, a medida que el orden divino obra sus maravillas, las cosas pueden parecer agitadas e incomprensibles. Pero una vez que nos entregamos a la idea de que todo sucede por una razón —cada traspiés y cada éxito puede llevarnos a algo mejor —encontramos paz y aceptación. A medida que comienzas a aceptar el orden divino como la realidad detrás de toda vida, un sentimiento de calma te envolverá, aún ante la adversidad. Tus relaciones personales se volverán más significativas y ricas al afirmar que el Espíritu guía el camino y ya no necesitas controlar a las personas ni a las situaciones. Hasta mirarás las dificultades financieras con un optimismo renovado al entregarte a la verdad de que todo lo que necesitarás te será provisto a medida que lo necesites. Cuando comienzas a aceptar el orden divino como verdad y sabiduría y te alineas con la armonía del universo, es posible que quieras dejarte pequeños recordatorios para “dejar ir”. En tu automóvil, en tu escritorio, en tu cartera o billetera, o en cualquier sitio donde puedas necesitar un recordatorio para permitir que el orden divino dirija el fluir de tu vida, pon una nota con estas palabras sencillas: Orden divino. La próxima vez que enfrentes una situación difícil, mira la nota y recuerda el poder del orden divino. Dios trabaja en tu vida y en tus asuntos expresando orden Divino, Orden Divino es la primera Ley del Universo. Todo está operando bajo ésta Ley. Tú y Yo somos dirigidos, guiados y movidos por el Orden Divino. Yo actúo bajo la Ley del Orden y lo manifiesto ahora. Yo trabajo con el Orden Divino. Yo soy un centro de Orden. Decreto que el Orden Divino se establece en mi mente, en mi cuerpo y en mis asuntos. La idea de Orden Divino me mantiene libre de duda, ansiedad o temor. Vivo centrado en el Orden Divino de Dios. Doy gracias por el Orden Divino en mi hogar, en mi vecindario, mi ciudad, mi país y mi mundo. Yo vivo, me muevo y tengo mi ser en el mundo de Dios. Me doy cuenta que soy bendecido, necesario y amado, porque yo también tengo un papel importante en el Orden Divino del Mundo. El Orden Divino se manifiesta en la naturaleza y me deleito con las maravillas que me rodean. Continuamente me envuelve el asombro de Su presencia. “Todo lo hizo hermoso en Su tiempo” y en esa creación estábamos Tu y Yo” Vivamos en esa conciencia de Orden Divino.