La Pascua de Resurrección trae nuevamente el mensaje glorioso del Cristo resucitado, un mensaje de vida eterna, un mensaje de victoria y triunfo. El Cristo ha resucitado con poder y majestad y proclama la verdad: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra”. La noche larga y oscura ha pasado. Las decepciones de la noche desaparecieron. Los temores y los murmullos de la noche se acabaron. Todo se ha transformado en el resplandor de este nuevo día. Recibimos la seguridad reconfortante y trascendental: “Estoy siempre contigo”. La verdad de que nunca estamos solos reemplaza el dolor y la tristeza, ese amor es nuestro vínculo eterno con Dios y con nuestros seres queridos. Nuestros pensamientos se iluminan ofreciéndonos nuevos rayos de discernimiento e inspiración. Las puertas al éxito y a la felicidad se abren ante nosotros y llenos del valor y la confianza del Cristo resucitado, entramos sin temor o vacilación. Somos rejuvenecidos y vivificados. El mensaje del Cristo resucitado resuena en nosotros: “Porque vivo, tu también vivirás”. Damos expresión, fortaleza y energía a la vida nueva. Contemplamos al Cristo resucitado en los demás. Somos personas nuevas en Cristo, amigables, seguras y cooperadoras, a gusto con nosotras mismas y con quienes nos rodean. ¡Cristo ha resucitado! ¿Puede acaso haber una verdad más poderosa y comprensiva por conocer? Aceptamos esta verdad ahora. Nos elevamos en conciencia y todo lo que está en nosotros se une al coro poderoso de vida nueva y posibilidad que resuena ahora por todo el mundo: “¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!”