martes, enero 22, 2019

“Padre Nuestro”



El Padre Nuestro es el más importante de todos los documentos cristianos. Fue concebido cuidadosamente por Jesús con ciertos fines muy precisos. Es por eso que el Padre Nuestro es la más conocida de todas sus enseñanzas. En efecto es el común denominador en todas las iglesias cristianas. Cada una sin excepción utiliza el Padre Nuestro, siendo tal vez el único campo en que todas coinciden.

A Cada niño cristiano se le enseña el Padre Nuestro, y cada cristiano que ora lo dice casi todos los días. Es probable que su uso exceda al de casi todas las oraciones juntas. El que trata de seguir el camino trazado por Jesús debe sin duda usar el Padre Nuestro todos los días, y usarla inteligentemente.

Para llevar a cabo esto hemos de entender que el Padre Nuestro es una totalidad orgánica cuidadosamente organizada. Muchas personas la dicen rápidamente como los loros, olvidando la advertencia de Jesús de que no incurriésemos en repeticiones vanas; y, por supuesto, así no es posible sacar ningún provecho de ella.

La Gran Oración es una fórmula compacta para el desarrollo del alma. Fue compuesta con infinito cuidado para ese fin, de manera que aquellos que la usen regularmente comprendiéndola, experimentarán un verdadero cambio del alma. No hay más progreso que este cambio, llamado en la Biblia “nacer de nuevo”.

Y este cambio en el alma es la única cosa que importa. La mera adquisición por la vía intelectual de conocimientos nuevos, no opera cambio alguno en el alma; el Padre Nuestro está preparada especialmente para efectuar ese cambio, y jamás deja de hacerlo cuando se hace regularmente.

Cuanto más se analiza el Padre Nuestro más su maravillosa parece su construcción. Responde a la necesidad de cada persona en cualquier plano que se encuentre. No solamente ofrece un rápido crecimiento espiritual a aquellos a aquellos que han adelantado bastante para captarlo, sino que también en su sentido superficial provee a los más sencillos y hasta los más materialistas, lo que necesitan en el momento, con tal que usen la oración sinceramente.

Esta, la más grande de las oraciones, tiene aún otra finalidad aún no menos importante. Jesús previó que, en el curso de los siglos, su enseñanza sencilla y primitiva sería gradualmente cubierta por toda suerte de cosas exteriores que nada atienes que ver con ella. Previó que los hombres que no le habían conocido, confiando sinceramente sin duda, en su propia mente limitada, construirían teologías y sistema doctrinales, ofuscando la simplicidad directa del mensaje espiritual, y en realidad levantando una muralla entre Dios y el hombre. El compuso la Oración de tal manera que pasaría a a través de las edades sin sufrir alteración.

La ordenó con acierto perfecto, a fín de que no pudiera ser torcida, ni adaptada a ningún sistema hecho por hombres; a fín de que llevase realmente todo el mensaje cristiano, y que sin embargo no presentase en la superficie nada que pudiera atraer la atención de los que tienen el hábito de cambiarlo todo.

Así, a través de todas las vicisitudes de los siglos de la historia cristiana, esta oración ha llegado a nosotros en su prístina pureza. La primera cosa que notamos es que la Oración se divide naturalmente en siete cláusulas. Esto es muy caracterisco de la tradición oriental.

El numero siete simboliza la perfección del alma individual, así como el número doce simboliza la armonía de todos los miembros de un grupo. En el uso corriente encontramos muchas veces una octava cláusula añadida – “Tuyo es el reino, y el poder y la gloria”- pero ésta aunque es una excelente afirmación, no es en verdad una parte de la Oración. Las sietes cláusulas están unidas con el mayor cuidado, en perfecto orden y secuencia, y contienen todo lo que alma necesita para su propia vida.

Tomado del libro: El Sermón del Monte

Emmet Fox