Cada vez que hablas, influyes en tu mundo. O lo formas o lo derrumbas. Las palabras pueden matar o curar. “Por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.—Mateo 12:37 Nuestro pequeño planeta gira alrededor de su eje, y otro día nace en nuestro hemisferio. La tierra y el mar se tienden hambrientamente para recibir los cálidos rayos del sol, que han estado esperando por su llegada. Los rayos del sol son absolutamente universales en su esplendor. Ellos brillan en todas las direcciones, inundando todo en su camino, iluminando todo campo. Las bombillas hacen lo mismo. Sus rayos viajan en toda dirección inmediatamente, alumbrando indistintamente toda el área. Hasta un pequeño fósforo encendido en la obscuridad enviará sus oscilantes rayos en toda dirección. Así sucede con cualquier luz convencional. El único modo de dirigir luz tan casual y difusa es con pantallas, espejos y prismas, pero aun así, las partículas de luz todavía quieren salir en todas las direcciones. Por eso es que hasta el proyector de luz más enfocado aún alumbrará las áreas cercanas, y la luz se difundirá notablemente mientras más lejos se extiende de su fuente. La luz láser es diferente. Ella es "luz coherente". Mas bien que dispersarse en todas las direcciones, las partículas de luz se sincronizan unas con otras; todas van exactamente en la misma dirección. Esto aumenta su poder enormemente. ¡La luz de una fuente tan coherente es lo bastante poderosa para hacer un agujero a través de un pedazo de acero! No es de extrañarse que los láseres sean de uso tan común en la industria. La luz láser también puede ser "domada" suficientemente para ser usada en la cirugía que requiere gran precisión por ejemplo, para volver a unir la retina de un ojo humano. La luz láser es extraordinaria, su foco es increíblemente preciso y su efecto es particularmente poderoso. El filo cortante de las palabras Las palabras son los láseres del pensamiento humano. Los pensamientos, cuando se expresan en palabras, se sincronizan unos con otros, en vez de dispersarse en todas las direcciones. Todos van en la misma dirección, y esto aumenta su poder casi de manera increíble. De hecho, las palabras son pensamientos que unimos para volverse "pensamiento coherente". Antes de que podamos hablar lo que pensamos, debemos hacer que nuestros pensamientos sean más cohesivos y coherentes. (¿Cuántas veces has oído a alguien decir o has dicho tú mismo: "Estoy tratando de organizar mis pensamientos"?) Al organizar nuestros pensamientos, ellos adquieren poder adicional. Como el láser, pero aún con mayor potencia, nuestras palabras pueden crear o destruir. Las palabras se convierten en carne Es verdad que los pensamientos son supremos como moldeadores de nuestro mundo. Ellos inician todos los cambios. Pero algo más sucede cuando ponemos nuestros pensamientos en oraciones, cuando hablamos la palabra. Esto establece vibraciones potentes en nuestros cuerpos. El hablar, oír y sentir nuestros pensamientos causa una mayor impresión en nosotros que meramente pensarlos. Las palabras nos incitan a acción. Cuando declaramos nuestros pensamientos, cuando hablamos, todos los átomos del cuerpo responden al sonido de nuestras voces. No solamente oímos lo que decimos, sino que realmente sentimos lo que decimos. Toda palabra, por lo tanto, tiene un efecto. La intensidad del efecto depende de la intensidad del pensamiento y el sentimiento detrás de la palabra y la manera en que la palabra sea hablada. Un ejemplo obvio y muy básico de esto es el hecho de que las palabras tranquilizadoras crean la liberación de substancias químicas "tranquilizadoras" en el cuerpo. Esto es verdad no sólo para el que las habla, sino también para el que las escucha. Las palabras coléricas, por otra parte, causan la liberación de substancias químicas dañinas, substancias que causan una reacción de "pelear o huir". De nuevo, esto sucede no sólo en la persona que habla las palabras coléricas, sino en la persona a quien son dirigidas. Esto es un hecho científico probado y mensurable. Aun sin la prueba científica, sabemos que eso es verdad. Si alguna vez has hablado palabras calmantes a un niño asustado, o recuerdas haber oído tales palabras, sabes del poder que tienen los pensamientos amorosos expresados en palabras. A la inversa, si alguna vez has hablado o te han hablado severamente, conoces el poder de los pensamientos coléricos expresados en palabras. Es conocimiento común que hablar palabras tranquilizadoras de amor y aliento a las plantas las hace crecer más rápida y frondosamente; y que las palabras duras y odiosas dichas con vehemencia tienden a marchitarlas. Si nuestras palabras pueden tener tal impacto en las plantas, ¡imagina el impacto que tienen en nosotros! Toda palabra que hablamos está saturada de energía que creará o destruirá. Somos responsables de "toda palabra inútil" que hablamos, porque ella manifiesta según su género. En cierto modo, la palabra se vuelve carne y permanece entre nosotros, en nosotros y como nosotros. No podemos menos que llegar a ser lo que decimos que somos. Mientras más resuelta e intensamente hablamos la palabra de quiénes y qué somos, con más seguridad nos aproximamos a llegar a ser lo que decimos. Si acaso aceptamos las palabras que otros dirigen a nosotros. Si hacemos sus palabras las nuestras, luego nos moveremos en esa dirección también. __________________________ Como un viejo caballo que jala una carreta Sin duda, toda palabra nos afecta, pero son nuestras propias palabras las que influyen más en nosotros. Ya digamos nuestras declaraciones en broma o en serio, nuestras palabras tienen impacto. El subconsciente no tiene sentido del humor. No distingue entre referirte a ti mismo en broma como "tonto" y pensar realmente que lo eres. El subconsciente es como un viejo caballo que jala una carreta, para él un "¡arrea!" quiere decir "ponte en marcha". El caballo no sabe si le están dando esa orden en broma o en serio. Todo lo que el caballo sabe es que cuando oye esas palabras, ese es el momento de obedecer. Las palabras son espejos Las palabras que usas reflejan tu estado de conciencia, pero ellas son más que eso. Ellas son la verdadera causa de mantener esa conciencia. Por lo tanto, si te dices: ''Te metiste otra vez en un enredo. No sirves realmente para nada", no sólo afirmas tu manera de sentir en el presente de ser inservible, sino que estás estableciendo la norma de tu estimación para el futuro. Las palabras de hoy se vuelven la realidad del mañana. El constante lamento, por ejemplo, en medio de una recesión económica: "Realmente estoy preocupado acerca de mi dinero. Sé que me van a dejar cesante y voy a perderlo todo" es dejar que tu pensamiento permanezca en carencia y miedo. Tales palabras cristalizan tus pensamientos negativos, pero aún más que eso, por ser cocreador con Dios, las palabras que hablas dirigen el poder creativo de la Mente Infinita. Dios no tiene manos, pies, cuerdas vocales, ojos u oídos, pero tú si los tienes, y das forma a tu mundo físico con esos atributos. Sin embargo, Dios trabaja contigo. Habiéndote dado libre voluntad, Dios está dispuesto a llevar a cabo cualquier plan que tengas para ti. Por lo tanto, eres cocreador con Dios. Cocreas tu mundo al unir tu mente con la Mente Divina. Ese vínculo se establece por medio de tus palabras. Ellas dicen a Dios, la inteligencia Última y Creadora, exactamente lo que tú deseas. Si quieres prosperidad y abundancia en tu mundo, habla sólo palabras de prosperidad y abundancia. Si deseas paz en tu mundo, habla sólo palabras de paz. Si quieres amor en tu mundo, habla sólo palabras de amor. (El poder del láser yace en su coherencia —todas las partículas de luz están sincronizadas ¡todas viajan exactamente en la misma dirección!) Esto no niega el hecho de que hay menos que abundancia, paz y amor en tu mundo. Al contrario, es declarar al universo y a ti mismo exactamente lo que deseas. Solo versus sinfonía Conociendo la potencialidad poderosa que toda palabra hablada encierra, puedes suponer la potencialidad aún mayor inherente en las palabras habladas en concierto, palabras habladas en conjunto por grupos. Así como la ejecución de una bella pieza de violín le da más poder que pensar meramente en ella, las palabras se vuelven más poderosas cuando se hablan en voz alta. Ya sea un solo de violín o palabras, los oímos y sentimos, y nos envolvemos emocionalmente en ellos. ¡Cuánto más emoción y poder surge cuando el violín se une a una orquesta sinfónica completa!, y cuánta más emoción y poder surgen cuando hablamos la palabra con otros, cuando un grupo del mismo parecer afirma una declaración de verdad con pasión e intensidad. Una nueva y aún mayor dimensión de energía y poder se genera a medida que el grupo habla juntamente como una gran alma. Qué fuerza fenomenal se crea. Es como si un grupo de láseres se juntaran y se volvieran un rayo láser enorme. Las palabras habladas de ese modo pueden tener efectos asombrosos. Como un grupo, podemos hablar palabras de curación, consuelo, paz, armonía o lo que deseemos —para un individuo en el grupo, para todo el grupo, o para un individuo o grupo en algún otro lugar. (El tiempo y el espacio no son factores cuando hablamos palabras positivas para otros. La palabra hablada es tan poderosa que atraviesa la distancia y el tiempo de un modo que la ciencia todavía no puede explicar enteramente.) Tus palabras, tu vida Hay un relato maravilloso sobre un sabio maestro de la verdad que caminaba con sus estudiantes a través de un bosque cuando se encontraron con el cadáver parcialmente descompuesto de un ciervo. Los estudiantes intentaron proteger a su maestro de ver un cuadro tan repulsivo y trataron de alejarlo del cadáver. Pero el maestro no quiso cambiar su dirección. Cuando llegó al ciervo, lo miró cuidadosamente y dijo: "Oh, qué hermosos cuernos". Él eligió mirar más allá de lo obvio y expresar lo hermoso. Él no se detuvo a observar el cadáver descompuesto, sino más bien se detuvo a mirar los magníficos cuernos. Por lo tanto, sus palabras no fueron de rechazo, sino de encanto. Nosotros podemos hacer lo mismo con nuestras vidas. Podemos, desde luego, encontrar suficiente fealdad alrededor de nosotros si deseamos buscarla, pero hay, además, abundancia de belleza, ¿Cuál deseas en tu mundo? Las palabras que hablas determinan lo que habrá.