Cuando en el reino de Josafat, rey de Judá, los amonitas, moabitas y otros una gran multitud – vinieron contra el rey en batalla, él, lleno de temor, junto a la gente y ellos buscaron el consejo del Señor, diciendo: “En nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros, no sabemos qué hacer, ya ti volvemos nuestros ojos” (2 Cr. 20:12). Entonces el Espíritu del Señor vino a Jahaziel y dijo: “Oíd Judá todo Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra sino de Dios… No habrá para qué peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación na contra ellos, Jehová con vosotros salid mañana porque Jehová estará con vosotros” (2 Cr. 20: 17). Amigo mío, esta batalla que tratas de pelear no es tuya, sino de Dios. Tu estas tratando de sanar; estas tratando de asirte vigorosamente a la ley de bien en ese mismo disturbio en el hogar que el mundo desconoce, pero que a veces casi te abruma. Aquiétate. Deja ir. La batalla es de Dios, no tuya y, porque es la batalla de Dios por medio de ti, Dios deseando manifestarse en ti, la victoria es tuya antes de que empiece la batalla (en tu conciencia, porque ese es el único lugar donde hay cualquier batalla). ¿No puedes en calma- aun con regocijo- reclamar la victoria ahora mismo, porque es la batalla de Dios? Ya no necesitas pelear esta batalla, sino quédate quieto exactamente donde estas hoy, en la lucha por vencer cosas materiales, y mira la victoria del Señor a favor tuyo. Dice algún Tomas que duda: “Si, pero yo debo tener dinero hoy”, o ¿”Debo tener alivio al instante o esta salvación llegara tarde para ser útil; y además, no veo como”? Detente ahí mismo, querido amigo. No tienes que ver cómo. Esa no es tu parte. Tu parte es aquietante y proclamar: “Esta hecho”. Dios dijo a Josafat: “Mañana descenderéis contra ellos “; esto es, habrían de hacer con calma y en orden las cosas externas que en aquel momento había que hacer, pero al mismo tiempo mantenerse quietos o en un estado mental de pasividad confiada y ver el poder salvador de Dios. Josafat no dijo: “Pero Señor, yo no veo como o, “Señor, tengo que recibir ayuda ahora mismo o será muy tarde porque ya el enemigo está en camino”. Leemos:… se levantaron por la mañana y mientras ellos salían, Josafat estando en pie dijo: Oídme, Judá creed en Jehová vuestro Dios, y estaréis seguros” (2 Cr. 20:20). Y entonces nombro cantores que irían delante del ejército cantando: “Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre” (2 Cr. 20:21). Todo esto, iy todavía ni un signo visible de la prometida salvación del Señor! Hasta el mismo frente de batalla contra un ejército poderoso en número, cantando: “Dad gracias al Señor”. ¿Estás tú más cerca que esto del borde del precipicio en esa condición material que tratas de vencer? ¿Qué hizo Josafat? ¿Empezó a pensar u orar con vehemencia y fuerza? ¿Empezó a mandar intensos pensamientos de derrota al ejército enemigo y a agotarse en sus esfuerzos de sostener esos pensamientos hasta ser liberado? ¿Empezo a dudar en su corazón? De ningún modo. Recordó simplemente que la batalla era de Dios y que él no tenía nada que ver con la pelea, y que su parte era confiar. Más adelante leemos: “Y cuando comenzaron a entonar cantos de alabanza, Jehová puso contra los hijos de Amon, de Moab y del Monte Seir, las emboscadas de ellos mismos” (2 Cr. 20:22) Fue solo cuando empezaron a cantar ya alabar, que el Señor hizo su primer movimiento visible hacia la manifestación de Su prometida salvación .Así puede ser contigo. Puedes estar en la misma orilla del aparente fracaso y el derrumbe de tu amado principio. Tus “amigos” han empezado a hablar de ti con menosprecio por tu tonta confianza (las cosas de Dios son siempre tonterías para los hombres) diciendo: “Debes hacer algo en este asunto”. No temas. Solo trata de comprender que la batalla es de Dios por medio de ti; que, porque es Su batalla, ha sido victoria desde que empezó y nunca podrá ser otra cosa. Empieza a cantar y a alabar por Su liberación y tan seguro hagas esto, no pensando como en el cuándo y el cómo, la salvación del Señor se hará visible y sucederá la liberación tan real como fue en el caso de Josafat, hasta juntar el botín inesperado de guerra. Porque la narración sobre el rey de Judá añade: “Y luego que vino Judas a la torre del desierto, miraron hacia la multitud, y he aquí yacían ellos en tierra muertos, pues ninguno había escapado. Viniendo entonces Josafat y su pueblo a despojarlos, hallaron entre los cadáveres muchas riquezas, así vestidos como alhajas preciosas, que tomaron para sí, tantos, que no los podían llevar: tres días estuvieron recogiendo el botín, porque era mucho. -2 de Crónicas 20:24, 25. Así, Dios libera cuando confiamos en El – completamente, perfectamente, aún más allá de lo que hayamos pedido o pensado, añadiendo el bien que nunca soñamos, como para dar doble seguridad de su favor y amor a cualquiera que confié en El. Esta es la salvación de Jehová cuando nos “aquietamos. Tenemos que aprender que el tiempo que toma la ayuda en llegar a nosotros, no es nuestra parte, sino la de Dios. Si sabemos que en todos los relatos de las Escrituras sobre aquellos que lograron la liberación especial de sus hecha por Dios, desde que Abraham salió a sacrificar a su hijo, hasta cuando Jesús extendió su mano para salvar a Pedro hundía por falta de fe y aun después de esto, en se la a que experiencia de los apóstoles -este poder invisible llego a la mano siempre justo en el tiempo oportuno, nunca un momento más tarde. La promesa es: “Dios la ayudara al comenzar el día” (Sal. 46:5, Versión Popular) o como dice en hebreo: “a la vuelta de la mañana”, que significa justamente el momento más obscuro antes de amanecer. De este modo, si en cualquier asunto en que tratas de confiar en tu Padre, el camino sigue poniéndose más y más obscuro y, en apariencia, la ayuda se aleja más y más en lugar de surgir a la vista, debes verte más sereno y quieto que nunca y entonces sabrás que el momento de la liberación se acerca a ti cada vez que respiras. En la narración de Marcos de aquella visita de las mujeres al amanecer a la tumba de Jesús, cuando, imbuidas en un propósito de amoroso servicio, se olvidaron enteramente de la inmensa piedra que pesaba varias toneladas en la entrada de la tumba, hasta que estaban casi al final de su camino, y entonces una exclamo con desaliento momentáneo: ¿”Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron removida la piedra, que era muy grande (Mr. 16:3, 4). ¿No es lo “muy grande” significativo? El gran tamaño de la dificultad que hacia imposible a las mujeres removerla, fue la más grande para que lo hiciera este Poder razón invisible. “La extremidad del hombre es la oportunidad de Dios. “ Mientras más separados de la ayuda humana, mayor reclamo hacer de la ayuda podemos hacer de la ayuda divina. Mientras mas imposible una situación para el poder humano o mortal, más en paz podemos estar cuando nos volvemos a El por liberacion, porque el Senor ha dicho: “Mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Cor.12:9). Y Pablo, comprendiendo que cuando confiaba menos en lo mortal tenía más ayuda de lo Divino, dijo: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:10). Tener fe es descansar confiadamente. Hemos de descansar confiadamente diciendo: “Dios es mi fortaleza; Dios es mi poder: Dios es mi victoria segura. Yo confiaré en El y El hará que suceda” Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. -Salmo 87:4 Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. -Salmo 118:9 Tú guardaras en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera porque en ti ha confiado. – Isaías 26:3