jueves, enero 31, 2019

Un corazón agradecido abre muchas puertas

“Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes”.—Juan 11:41-42

Imagina la escena. Es un día caluroso y seco en Betania. El polvo carga la atmósfera y casi sofoca al grupo de gente acongojada reunida delante de la cueva que sirve de tumba.

Lázaro, hermano de Marta y María, ha estado muerto por cuatro días. Jesús está allí con el pequeño grupo de afligidos y llora por su amigo. "Si Jesús sólo hubiera llegado más temprano. El hubiera podido salvar a Lázaro", es el rumor que corre entre el grupo. "Pero ahora, ahora es demasiado tarde".

Cómo debió de haber dejado atónitos a Marta, María y otros, en medio de su pesadumbre, de pronto ¡oír a Jesús dar gracias a Dios! ¿Cuáles debieron ser sus reacciones? ¿Cuáles hubieran sido las tuyas? "Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes". ¿Qué clase de palabras eran esas? Un hombre que hacía ya cuatro días que estaba en la tumba, ¡y ahora su amigo da gracias!

Pero, sin duda, toda sorpresa o estupefacción súbitamente se convirtieron en asombro a medida que Jesús, en su próximo aliento, clamó para que Lázaro saliera de la tumba. La atmósfera debió de haber sido electrizante según los afligidos observaron con completo asombro al muerto, aún envuelto en vendas, salir hacia ellos.

El poder del momento, la mezcla extrema de las emociones de gozo, conmoción e incredulidad debieron ser más allá de lo que podemos imaginar. ¡Lázaro estaba vivo! Y el catalizador que hizo suceder todo, la llave que abrió el pasaje de la muerte a la vida, fue la oración de agradecimiento de Jesús.



Aviva la llama

Es interesante reflexionar sobre ese incidente e imaginar cómo sucedió todo y lo que finalmente pasó a la gente envuelta en él. Esa experiencia cambió seguramente sus vidas para siempre. ¿Cómo podría ser lo contrario? Sin embargo, reflexionando sosegadamente en el incidente, reviviéndolo y pensando en los años que siguieron, todos los que estuvieron presentes debieron haber comprendido que la oración simple de dar gracias fue la que hizo el milagro. "Padre, gracias te doy por haberme oído”.

Sin embargo, la acción de dar gracias no es sólo palabras. Las palabras de Jesús representaron los sentimientos en Su corazón. Su agradecimiento fue una descripción verbal de sus sentimientos hacia Dios. Al dar gracias a Dios, Jesús reconoció que el deseo de Dios para él y Lázaro era solamente el bien. El sentimiento de la acción de dar gracias es una emoción, una honda reacción, y no una idea.

Podemos intelectualizar sobre todo lo que hay en nuestras vidas por lo cual estar agradecidos. Podemos hacer listas, largas listas, de razones innumerables por las que debemos dar gracias. Esto es bueno, porque nos ayuda a darnos cuenta de lo extremadamente bendecidos que somos. Todos tenemos algo, mucho, por lo que debemos dar gracias.

Aun así, las listas, los conocimientos, las palabras, no son suficientes. Solamente ayudan si nos guían al sentimiento de dar gracias. Necesitamos el sentimiento, la plenitud interna de un corazón agradecido, para descubrir ese poder en nosotros.

Aprendimos hace mucho tiempo en nuestro viaje Juntos en La Búsqueda que las emociones fuertes vencerán siempre e implícitamente una idea intelectual. Los sentimientos activan los poderes que hacen los cambios y el trabajo. Los sentimientos son el catalizador y el incentivo que mantiene nuestras acciones. Cuando los sentimientos cesan, la acción cesa. De hecho, ni aún continuarlas andando a través de una habitación Si no tuvieses ganas de hacerlo.

Entonces, tu responsabilidad es encender el sentimiento de gratitud en ti. Nadie puede hacerlo por ti, ni es algo que puedes obtener fuera de Ti. Aunque sientas ingratitud debido a un reto presente, en lo más íntimo de tu ser, las brasas de la acción de gracias esperan ser avivadas en una ardiente llamarada. Con suficiente avivamiento, una actitud de gratitud fácilmente se volverá un hábito.

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La gente, las plantas y los animales responden

Hemos visto cómo el expresar agradecimiento sinceramente, como Jesús hizo ante la tumba de Lázaro, abre la puerta a las superaciones que parecían imposibles. Ya sea que trates con gente, animales o plantas, cuando apreciamos y alabamos a alguien o algo, lo mejor surge.

Las palabras y sentimientos de gratitud y alabanza hacen que la gente, ya sean adultos o niños, se supere más y exprese más su verdadera naturaleza crística. Cuando alabamos a los animales y les mostramos gratitud al recompensarlos con obsequios y caricias, reforzamos su buen comportamiento y les animamos a hacer aún más. Las plantas también responden a las palabras amorosas de alabanza y gratitud creciendo más fuertes y con mayor rapidez.

Todas las formas de vida aman realmente oír la verdad sobre ellas: que son expresiones radiantes del Dios eterno. Hasta las células de nuestros cuerpos responden y se regeneran cuando se les dice que son apreciadas y amadas. “Gracias a ustedes por traerme salud y fortaleza. Gracias por su inteligencia que sabe qué hacer y cómo hacerlo. Las amo y bendigo a medida que irradian nueva vida por todo mi cuerpo".

Myrtle Fillmore, cofundadora de Unity, recobró su salud por medio de ese método. Habiéndosele dicho que tenía una condición incurable, empezó a bendecir y dar gracias a cada órgano de su cuerpo, alabando la inteligencia en él y alentándolo a desarrollar nueva vida.

Trata de dar gracias regularmente a tus células y ve lo vehementemente que responden con más salud. Tú sabes por experiencia lo bien que respondes a palabras y sentimientos de aprecio de cualquier persona. Todos deseamos ser apreciados. Aún más, todos lo merecemos porque somos creaciones especiales de Dios, parte de la Divinidad. Volvemos de nuevo a la idea de ver el Cristo en nosotros y otros y ser agradecidos por esa Presencia.

La gratitud multiplica tu bien

Más que nada, debemos expresar agradecimiento a Dios porque esto nos ayuda a reconocer y aceptar más Su actividad en nuestras vidas.

¿Deseas conocer más a Dios y dejar que el plan perfecto de tu vida se muestre? Entonces alaba y da gracias a Dios ahora. ¿Deseas más perfección en tu cuerpo físico? Luego alaba la evidencia de vida y salud que ya tienes, porque la inteligencia divina en tus células serán alentadas a crear aún mayor salud y bienestar. ¿Deseas más prosperidad? Bendice y da gracias por todos los recursos que tienes, y ellos se multiplicarán en formas nuevas y creativas.

Dando gracias en el camino ascendente

Viajas a mayores alturas en tu jornada ahora, aligerando la carga de viejas y pasadas actitudes y conductas. Los demonios y dragones que habitaban los bosques al comienzo del camino ya no son verdaderas amenazas para ti. Aunque a veces el apagado eco de un lamento temible quizás suene a través del valle de tu alma en alguna noche sin estrellas, esto es nada más que un eco, después de todo, y te levantas con una avasalladora sensación de alegría y agradecimiento. La vida es buena. Dios es bueno. ¡Da gracias porque lo mejor está aún por llegar!