Por muchos años, luché dudando de mí misma, sintiendo dolor emocional, lidiando con problemas familiares, deslealtad y depresión profunda. Para hacer la historia corta, intenté muchas cosas y recibí muchos consejos, pero sin éxito. Atravesé un período depresivo que alteró mi vida durante tres años, hasta que recibí un folleto de Unity. No había ido a la iglesia por muchos años, pero de vez en cuando leía La Palabra Diaria y otros folletos de Unity. Mas ninguno me movió como lo hizo este folleto. Este pequeño folleto me brindó un rayo de esperanza con frases como: La voluntad de Dios es que tengas la compañía perfecta. La voluntad de Dios es que logres el deseo de tu corazón. La voluntad de Dios es que seas feliz. ¿Feliz? Mi vida había sido una serie de subidas y bajadas, y las bajadas eran más prominentes que las subidas. Leí el folleto una y otra vez. Poco a poco, el mensaje comenzó a adentrarse en mi mente y corazón abatidos. Decidí que no importaba cuán deprimida, confundida, temerosa o insegura me sintiera, iba a empezar a practicar la oración afirmativa. Antes de esto, mis oraciones habían sido: “Por favor, Dios, ¡sácame de este lío!” Luego me olvidaba de Dios hasta el próximo lío. Desesperada, comencé a explorar si la oración positiva traería una nueva vida como Dios lo había prometido. Así que cada mañana me sentaba en mi sofá, afirmaba y escuchaba. Tiempo después, me di cuenta de que Dios me hablaba, y comencé a sanar. Los pensamientos flotaban en mi mente, pensamientos que nunca había tenido antes. Elegía un pensamiento y trabajaba con él, afirmándolo varias veces hasta que comprendía con mi mente y corazón lo que esta verdad significaba para mí. Provenían del Espíritu. Las oraciones vinieron desde lo más profundo de mí, del inconsciente al consciente. ¡Apenas podía creer lo que sucedía! Fue mágico y llenó mi corazón. Mis palabras y pensamientos se volvieron realidad y mi mundo cambió. Me abrí al bien que había estado esperando por mí, y que está esperando por cada uno. Gracias a la oración estoy segura de que la Verdad nos encontrará. La curación y fortaleza verdaderas surgen del interior y la plenitud es posible gracias al Espíritu, mediante la afirmación positiva y la unión con Dios. Somos como relojes de arena, llenos de un Espíritu que reemplaza las heridas y derrotas de nuestro pasado. Hay un nuevo mundo que espera ser conocido. Dios aguarda con anticipación y gozo que descubramos quiénes somos realmente. Creo que ésta es la transformación espiritual prometida: a través de la afirmación, el escuchar y la gratitud este mundo emerge. No es fácil; de hecho, puede ser muy difícil sentarse día tras día para escuchar al Espíritu, orar afirmativamente y luego convertirse en estas palabras, con dignidad y gracia. Pero me pasó a mí y te puede pasar a ti.