martes, enero 29, 2019

Cómo orar por los demás

por Mary-Alice y Richard Jafolla Muchos de nosotros nos encontramos deseando apoyar en oración a otros. Esto se entiende, pues es natural querer ayudar a aquellos que aparentemente están atravesando momentos difíciles. Mas, ¿cómo podemos hacerlo?

Aunque “estar presente” para los demás de cualquier modo posible es importante, estamos limitados a un nivel humano en cuanto a la ayuda que podemos prestar a otros vía nuestros talentos, tiempo y finanzas. Pero existe un nivel más elevado al que podemos apelar. Al vivir centrados en Dios, la ayuda que podemos ofrecer es ilimitada, ya que elevamos en conciencia a los demás con nuestra pura presencia. Nosotros vemos la Luz sagrada en cada uno y en cada circunstancia. Al orar por los demás, los entregamos con fe a Dios y, al mismo tiempo, permanecemos conscientes de la actividad divina en ellos.

Algunas ideas:

Cambia tu manera de pensar. Tenemos que reconocer que cada alma necesita experimentar lo que sea necesario para su crecimiento. Y nosotros realmente no conocemos las necesidades de otras almas, no importa cuán íntima sea nuestra relación con la persona. Recuerda que el preocuparnos por otra persona sólo aumenta nuestros temores, lo que añade nuestra energía negativa a la situación.

Deja ir y deja que Dios actúe. Esto quiere decir que sueltes el problema de la persona. Esto es crucial para nuestra habilidad de auxiliar, puesto que sólo podemos elevar a otros hasta nuestro propio nivel. Cuando alguien se está hundiendo en el agua, es más fácil rescatarlos cuando nosotros tenemos un flotador. Más solamente los salvaremos si nos encontramos en un nivel más estable y elevado que el de ellos.

Envía pensamientos amorosos. Una manera extremamente efectiva y poderosa de ayudar es enviando pensamientos amorosos en lugar de pensamientos de preocupación. Los pensamientos son palpables. Son reales. La presencia de amor es una presencia sanadora. Esto permite que la actividad de Dios fluya en su estado natural. Nuestros pensamientos y emociones son agentes dinámicos para transformación y nunca deberían ser subestimados.

Ayúdales a ver la presencia de Dios en ellos mismos y en sus circunstancias. Esto en teoría suena bien. Mas cuando un ser querido se encuentra en una situación crítica, requiere de nuestra parte paciencia y persistencia, y sobre todo una gran confianza para que el individuo comience a percibir la presencia constante de Dios, aun en medio de su desafío. La parte difícil es que ésto no se puede realizar hasta que tengamos la convicción de que Dios está siempre presente.

Ora. Cuando oramos por una persona, no oramos a Dios sino que oramos partiendo de la conciencia de Dios en nosotros. En este estado de conciencia, vemos la totalidad, la belleza y las bendiciones ya disponibles para la persona, y usamos nuestras oraciones para afirmar, reconocer y dar gracias por la verdad subyacente a la situación.

A veces, oramos por otros pensando que sabemos qué es lo mejor para ellos. A menudo, nuestras oraciones son planes que nosotros queremos y que presentamos ante Dios. Sin embargo, nunca podemos estar seguros de qué es lo que le conviene a cada persona. Lo que debemos tener presente es que Dios sí sabe lo que es lo mejor para ellos, de manera que podemos confiar en el plan divino.

Una bendición real Envolver a una persona

en pensamientos especiales y amorosos nos beneficia tanto a nosotros como a ella. Mas, de muchas maneras, nos favorecemos nosotros más. Por ejemplo, considera lo que pasa cuando lavas tu automóvil utilizando una manguera, ¿qué se limpia primero? Por supuesto que el interior de la manguera, ya que el agua corre a través de su interior antes de limpiar el coche. Lo mismo sucede con nosotros cuando mantenemos pensamientos amorosos. Éstos corren en nosotros primero, nos bendicen a nosotros primero. ¡Es una situación de ganarganar! Adaptada de The Quest for Prayer por Mary-Alice y Richard Jafolla.