viernes, enero 11, 2019

Aumenta tu coeficiente de gratitud

Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús.—1 Tesalonicenses 5:18

Algunas personas parecen demostrar grati­tud naturalmente ante cualquier circunstan­cia. La gratitud de un joven a quien conocí hace unos cuantos años, y quien había quedado paralizado en un accidente automovilístico, me asombraba. Él siempre estaba sonriente, era muy cortés y agradecía genuinamente a quienes lo llevaban y traían a la iglesia. A él le encantaba cantar y siempre tenía algo chistoso qué decir. Realmente, él era un ejemplo de ser agradecido ante cualquier circunstancia.

Sin embargo, para algunos de nosotros ser agradecidos es algo que tenemos que cultivar. Una vez que comenzamos a practicar la grati­tud, ésta crece en nosotros. Descubrimos un aspecto nuevo de la gratitud: que es magnética. Una mente y un corazón agradecidos se con­ vierten en un imán extraordinario que atrae a nosotros más por lo cual estar agradecidos.

He llevado un diario de gratitud por muchos años. Cuando termino uno, comienzo otro. Anoto todo aquello por lo cual estoy agrade­cida. Unos días escribo hasta diez cosas, otros sólo unas pocas.

La gratitud es parte de mi práctica espiritual. Pienso que es esencial para todo aquel que se ha comprometido con un crecimiento espiritual constante. Literalmente, aumentamos nuestro coeficiente de gratitud cuando desarrollamos la actitud de dar gracias “por todo”. Mientras más alto sea nuestro coeficiente de gratitud, más magnetizados estamos para recibir los regalos de salud, felicidad, gozo, paz, amor y prosperidad.

El hecho de que hace que nos veamos a noso­tros mismos y veamos a los demás con más compasión es un beneficio adicional. Cuando siento gratitud “por todo”, encuentro algo por lo cual estar agradecida en cualquier situación que enfrente.

Cuando mi opinión difiere de la de otros, me he dado cuenta de que encontrar algo por lo cual estar agradecida en la experiencia hace que me sea más fácil perdonarme y perdonar a los demás.

Una actitud de gratitud puede ser desarro­ llada con el tiempo si se practica regular y sin­ ceramente. Cuando recordamos ser agradecidos al orar, desarrollamos y adoptamos la gratitud como un modo de vida.

Cuando era niña, mi mamá usualmente tenía que obligarnos a mis hermanos y a mí a comer vegetales. Ella nos instaba a decir una oración por nuestros alimentos, y nos decía que debía­mos sentir agradecimiento por la comida ante nosotros, aun si había algo que no nos gustaba. Mi mamá nos informaba que dichos alimentos nutrirían nuestros cuerpos, incluso si no nos gustaban sus sabores, y que por ello debíamos demostrar gratitud. Así que comíamos los vege­ tales que ella ponía en nuestros platos, no por sus sabores, sino por sus nutrientes (y porque mamá nos lo decía).

Nos daba gran gozo cuando en algunas oca­siones, por haber comido todos los vegetales, mi mamá nos recompensaba con un postre. Para comer la tarta de melocotón de mi mamá o su helado casero más que valía la pena consu­mir unas cuantas zanahorias. ¡Eran deliciosos!

Aprendimos a comer zanahoria, brócoli y todo lo que mamá ponía en nuestros platos, con la esperanza y expectativa de que si expre­ sábamos gratitud algo exquisito seguramente seguiría. Que las expresiones sinceras de agradecimiento “ante toda circunstancia” son segui­das por cosas buenas.

Cuando comiences tu momento de oración, hazlo con una frase de gratitud. Por ejemplo: “Siento agradecimiento por todas las bendicio­nes de Dios en mi vida” o “Gracias, Dios, por mi vida y por todo el bien que fluye continua­mente hacia mí para que lo use y disfrute” o “La gratitud llena mi mente y mi corazón”. Crea tu propia frase y haz que la gratitud forme parte de tus oraciones.

Cuando somos agradecidos, aun antes de que ocurra una demostración externa, estamos demostrando una actitud de gratitud. Orar asiéndonos a la gratitud como tema, hace que nuestra conciencia se expanda a mayores bendiciones. Descubrimos que tenemos mucho por lo cual dar gracias.

Tu nivel de confianza interna te permitirá tener fe en que podrás superar cualquier expe­riencia desafiante que llegue a ti. Sabrás que no has de enfrentar ninguna situación solo. Dios es amor, y nosotros vivimos en ese amor, “El Padre, en su bondad, ha decidido darles el reino”.

Finaliza tus oraciones con una declaración de gratitud. También, puedes variar tu método haciendo que tu oración sea una serie de decla­raciones de agradecimiento. Expresa gracias de corazón por el bien que estás demostrando ahora y el que esperas demostrar.