jueves, enero 10, 2019

El maestro se vuelve estudiante

Como profesor y ministro Unity, estoy acos- tumbrado a ayudar a otros pero, un día de septiembre, necesité que otros me ayudaran a mí.

Yo estaba conduciendo rumbo a la iglesia para preparar el servicio de la tarde, cuando de pronto me encontré involucrado en un accidente automovilístico grave. Mi coche estaba destrozado, y sufrí múltiples fracturas en mis brazos, costillas y pie. La hinchazón en el pie hacía imposible que me practicaran una cirugía necesaria; por lo que los doctores lo inmovilizaron hasta que bajó la hinchazón. Tuvieron que pasar seis semanas antes de que pudieran operarme, así que pasé ese tiempo recuperándome en una enfermería.

El fijador externo utilizado para inmovilizar mi pie me obligaba a dormir de espaldas, lo cual nunca había hecho, así que permanecía despierto casi todas las noches. Opté por usar las horas de la noche para orar. Había leído de místicos que oraban toda la noche y ahora era mi oportunidad de hacerlo. La mayor parte de mi tiempo oraba por mi curación.

Después de varias semanas intensas de oración nocturna, me volví profundamente consciente de la necesidad de curación que me rodeaba: los otros residentes de la enfermería. En ese momento, decidí liberar mis necesidades y atenderlos a ellos. En mis vigilias, oraba por sus preocupaciones, por su salud y por la manifestación del bien de Dios en sus vidas.

Charles Fillmore escribió: “Aquellos que oran por algún bien personal no disfrutan del concepto del éxtasis de quienes se olvidan completamente de sí mismos en sus peticiones por el bien que ha de darse a los demás”. Varias noches después, llegué a conocer el éxtasis del cual Fillmore habló.

Una noche, después de concluir mi tiempo de oración, y según descansaba en un estado de paz, todas las partes lastimadas y rotas fueron impregnadas de una dorada luz sanadora. Hasta el día de hoy, no sé cuánto tiempo duró esa experiencia trascendente, mas sí sé que fue resultado de la oración. Luego, la luz visible se fue. En su lugar, permaneció la realización segura de que, contrario a todas las apariencias, ¡yo estaba curado! También me di cuenta de que mi cuerpo requeriría de tiempo para expresar la verdad de mi curación. En esta experiencia de vida trasformadora, Ric el maestro se convirtió en Ric el estudiante.

La oración es la fuerza más poderosa para el bien en el universo. Cuando olvidé mis necesidades y centré la atención en los demás, abrí el camino para que las bendiciones de Dios fluyeran a mi vida de maneras nuevas. Aprendí que los que me ministraban a mí experimentaban el mismo gozo que yo experimento cuando ministro a los demás.

Aprendí que lo Divino es expresado a través de cada individuo de formas únicas y maravillosas. Lo más alentador, y lo más importante que aprendí, es que en momentos de desafío personal debo orar no tanto para que una luz sanadora brille en mí, sino para que brille a través de mí. Al hacerlo, soy primero una bendición para los demás, y luego soy bendecido a cambio.



Ric Schumacher