martes, enero 15, 2019

Hijo de Dios

El agudo silbido del River Queen penetró la quietud a medida que el majestuoso arco de ruedas se movía a lo largo de un recodo en el río Misisipí. Un puñado de pescadores en compañía de un niñito, emocionados y asombrados, saludaban con las manos desde el malecón.

"¡Quiero un paseo! ¡Quiero un paseo!", gritaba el niño, brincando y saludando con las manos alocadamente según el barco estaba a punto de pasar. Uno de los pescadores trató de calmar al niño, explicando que el River Queen era un barco grande e importante y no podía detenerse para dar paseos a niños. Pero el niño persistía. y con más animación saludaba y gritaba: "¡Quiero un paseo!"

Imagina las miradas de sorpresa e incredulidad cuando el gran buque se movió poco a poco hacia el malecón y una plancha de desembarco fue bajada para que el niñito pudiera correr precipitadamente a la amplia cubierta.

Entonces, de pronto, el capitán apareció con los brazos extendidos hacia el niño. "¡Papito, papito!", gritaba el niño según salaba a los brazos amorosos de su padre.


Tu verdadero Padre y Madre


Jesús explicó que los padres terrenales quieren dar a sus hijos todo lo que pueden, y aun así, mucho mayor es el deseo de Dios de darnos todo. "No temáis, manada pequeña, porque al Padre le place daros el reino". Dios no te niega nada.

Es verdad que no todo padre terrenal es un modelo de amorosa bondad que da lo mejor que puede dar. (¿Quién de nosotros funciona siempre desde esa divinidad Interna?) Aunque, por regla general es natural que los padres quieran proteger y proveer para sus hijos, aun los padres terrenales mas perfectos, no importa lo amorosos y bien intencionados que sean, no pueden saber exactamente lo que es mejor para sus hijos o no son capaces de darles perpetuamente bien ilimitado.

Sin embargo, Dios sabe lo que es mejor para Sus hijos y es capaz de darles ilimitado bien continuamente.

En un sentido muy real, Dios es el verdadero padre o la verdadera madre de todos nosotros. Fuimos creados para ser los vehículos por medio de los cuales Dios se expresa. Esto nos da indicio del amor y cuidado absolutos que han sido otorgados a cada uno de nosotros.

Es fácil decir: "Yo soy un hijo o una hija de Dios". Muchos de nosotros aprendimos a decir en la escuela dominical cuando éramos pequeños: "Soy un hijo de Dios. Soy un hijo de Dios". Lo decimos con tanta soltura; no obstante, ¿cuántos sabemos lo que decimos? ¿cuántos comprendemos lo que esas palabras implican?, ¿cuántos, cuando lo decimos, incorporamos y sentimos el impacto trascendente de esas palabras?

Jesús a menudo se refirió a Dios como "Padre". La oración que nos enseñó empezó con "Padre nuestro", y estas dos palabras contienen más o menos todo lo que debemos saber sobre nosotros y nuestra relación con Dios y con otros. Esa pequeña frase nos dice que todos somos creados y amados por el Creador, quien hace que toda la raza humana esté compuesta de hermanos y hermanas en el sentido más verdadero de las palabras. Cada uno de nosotros tiene el mismo derecho a todo lo que el Padre tiene.

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Tengo acceso a todo lo que Dios es


Ser un hijo o una hija de Dios es el regalo supremo que el universo puede concedernos. Se nos dijo que hemos sido creados a Su imagen, conforme a Su semejanza. Así como los humanos llevamos los genes de nuestros padres, así también llevamos las características de nuestro Padre y Madre cósmico. La diferencia es que tal vez no llevemos todas las características de nuestros padres humanos. Los ojos de nuestro padre quizás sean pardos y los ojos de nuestra madre sean azules. Ellos pueden ser pequeños de estatura y tal vez nosotros seamos altos. El color del cabello puede variar y las personalidades también. Mas en el caso de nuestra herencia divina, heredamos todo.

Dios es amor y, por lo tanto, nosotros también somos amor. Dios es totalidad, por lo tanto, nosotros también lo somos. Dios es abundancia absoluta, y esta es nuestra naturaleza también. No importa lo que Dios sea, somos parte de eso, porque somos parte de Dios. Todo atributo de Dios debe reflejarse automáticamente en cada uno de nosotros. ¿Cómo podría ser de otra manera?

Lamentablemente, no comprendemos siempre quién y qué somos, y esto nos conduce a toda clase de desvíos innecesarios en el viaje. En nuestra intensa inquietud por encontrar lo que ya tenemos, buscamos aquello que nunca perdimos.

¿Por qué es que rehusamos reclamar frecuentemente lo que es nuestro por herencia divina? Aprovechando rara vez todo lo que es nuestro, demasiado a menudo nos conformamos con mucho menos.

Ser un hijo o una hija de Dios quiere decir que tenemos acceso completo a todo lo que Dios es. ¡Esto es maravilloso! Quiere decir que no carecemos de nada, que cada uno de nosotros es especial y muy importante para el Creador. Todo lo que "el Padre" tiene es nuestro. ¡Qué dote increíble! Es como si tuviésemos una cuenta bancaria que nunca puede disminuir, no importa lo que pase.


Llegamos a ser lo que creemos que somos


El patito feo nunca pudo ser más que un pato hasta que se dio cuenta de que era un elegante cisne. Ser pato fue todo lo que él creyó ser. Lo que creemos sobre nosotros mismos determina nuestras vidas.

Cuando sabemos. sabemos realmente, que somos hijos de Dios, empezaremos a actuar como si eso fuera verdad. ¡Hijos de Dios! ¡Descendencia del Creador del universo! ¡Herederos de todo lo que Dios tiene!

A Dios le place damos las riquezas del reino. Un banquete ha sido preparado para nosotros. Si no hemos comenzado a reclamar este bien absoluto, no es demasiado tarde para hacerlo. Nunca es demasiado tarde. No importa lo lejos que nos hayamos desviado, ese bien ilimitado está siempre esperando cerca y silenciosamente que lo aceptemos. Todo está ahí para nosotros: paz, alegría. salud, prosperidad, amor.

Todo lo que el Padre tiene es nuestro. El bien es tuyo hoy porque eres un hijo o una hija de Dios. Ocupa tu lugar en la mesa del banquete