“ Estas cosas les he hablado, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea completo”.—Juan 15:11 Despojados de su libertad, de su dignidad, incluso de sus ropas durante la Segunda Guerra Mundial, los prisioneros de los campos de concentración Nazi tuvieron poca razón para sentir esperanza o alegría. Separados de sus esposas, esposos e hijos, muchos no volvieron a verlos nunca. Viktor Frankl fue uno de los que perdió a su esposa en conjunción con todo lo demás. El recuerda los hombres que caminaban por las barracas consolando a los demás. Él dijo: “Todo le puede ser quitado a un hombre menos una cosa: escoger su actitud ante cualquier circunstancia dada, escoger su propio camino". OPUESTOS En el tiempo que hemos estado juntos, hemos descubierto varios opuestos en las creencias con las que hemos estado operando. La verdad, hemos visto, es frecuentemente todo lo contrario a lo que se nos ha enseñado y a lo que hemos estado practicando. El secreto de la prosperidad, por ejemplo, no yace en recibir, sino en dar. El amor enternece nuestros corazones, no tanto cuando somos amados como cuando amamos. El verdadero perdón no es perdonar a alguien, sino pedir perdón para nosotros mismos por haber juzgado a otro. Ahora llegamos a otro "opuesto". Veremos que la verdadera alegría es completamente independiente a lo que ocurre en lo externo. Ninguna persona o suceso tiene poder real para hacernos felices, y eso puede ser una sorpresa para la mayoría de las personas porque ellas pasan sus vidas esperando situaciones y personas para que las cosas mejoren. Para muchos, parece incongruente que el gozo no tenga nada que ver con las circunstancias. Después de todo, ¿acaso no ha sido cada uno de nosotros culpable en un momento u otro de decir cosas tales como: "Si mi matrimonio fuera más tranquilo, sería feliz," o "Cuando consiga un trabajo nuevo mi vida será magnífica" o "¿Cómo esperas que sea feliz cuando tengo que cuidar a mi padre inválido?" o "Una vez que los niños vayan a la universidad y se independicen, podré disfrutar de mi vida"? Si seguimos esperando que las personas y los sucesos de nuestras vidas nos provean alegría, la vida se convierte en una galena de tiros al blanco en una feria, donde tan pronto tengas éxito disparándole a uno de los blancos, ¡aparece otro! Podemos dejar de tratar de "dispararle" a un reto tras otro, sin poder respirar y sin tener la oportunidad de descansar y disfrutar de la vida aquí, ahora mismo. Pasamos nuestras vidas corriendo detrás de la felicidad, sólo para descubrir que lo que hayamos agarrado con nuestras redes se convierte solamente en un contento temporal y nunca en alegría duradera. Si has estado buscando la felicidad en las personas y los sucesos, has descubierto que no se encuentra allí. Si esperas que las circunstancias externas te den satisfacción, permanecerás en un sube y baja emocional. Hay un cuento antiguo acerca de un padre que estaba muy feliz por haber tenido un hijo. El hijo se calló del caballo y se rompió la espalda, y eso puso al padre triste. Luego, debido a la lesión, el hijo no fue a la guerra, y eso puso al padre contento. Debido a que el hijo no fue a la guerra, se casó con una mujer terrible, lo que hizo que el padre se pusiera triste. Luego el hijo tuvo un hijo, y eso hizo al padre feliz, y así sigue el cuento, un suceso alegraba y el otro entristecía. Este es el modo como la mayoría de las personas viven sus vidas, siempre reaccionando a lo que aparece repentinamente y buscando la alegría en los lugares equivocados: en los sucesos externos. El verdadero gozo es realmente parte de tu naturaleza. Ha sido creado en tu ser mismo. Sí, incluso a pesar de las circunstancias externas que pueden parecer desde justas hasta horribles, la experiencia del gozo se encuentra presente en lo profundo ele tu ser. No es algo que puedes tomar de lo externo, sino algo que dejas surgir de tu ser interno. Los sucesos sólo nos dan una excusa para sentirlo. No importa en qué situación te encuentres, una vez que haces contacto con el Cristo de tu ser, inmediatamente sientes un torrente de alegría, ya que sabes que puedes confiar en Dios y que todo estará bien. No hay felicidad verdadera a menos que se confíe en Dios, ya que cuando confías en Dios estás consciente de que, no importa cuál sea la situación, eres sólo un observador de pasada, que todas las cosas se solucionarán favorablemente para todos, y que todo está realmente bien. LA ALEGRÍA SANA Cuando acudes al Cristo de tu ser y puedes descansar por unos minutos en esa sensación de confianza y paz que consigues allí, automáticamente te sientes elevado y rebozando de alegría. Esta sensación es totalmente espontánea y, como descubrirás, no tiene nada que ver con lo que ocurre en tu vida. El sentimiento de verdadera felicidad es un gran armonizador y sanador, no sólo de las emociones internas y de las relaciones humanas, sino también del cuerpo físico. De hecho, ese sentimiento de alegría interna activa las fuerzas sanadoras enviándole un mensaje a tus células de que todo está bien, que se espera el bien. Cuando el cuerpo recibe este mensaje, no tiene otra alternativa que seguirle y sanarse. Resulta que es la alegría lo que te da esa sensación de que todo está bien. Es la alegría verdadera lo que te mantiene elevado, a pesar de lo que ocurra a tu alrededor. La verdadera alegría surge al hacer contacto con el espíritu de Dios en ti. Cuando realizas el contacto, irrumpe la alegría. Tú ya has estado probando esto por ti mismo, tal vez sin saber lo que estaba ocurriendo. Las vidas de los grandes maestros espirituales a través de la historia han estado marcadas por la alegría. Si uno continúa yendo a esa fuente de divinidad interna, el resultado simplemente tiene que ser una sensación de gozo que surge al confiar en Dios. Se te ha implantado la alegría desde el principio. Nadie puede dártela. Nadie, como lo dijo Viktor Frankl, puede quitártela. Se encuentra enteramente en tus propias manos. Si estás dispuesto a acudir internamente hacia ese Poder que yace en tu esencia, no puedes menos que encontrar alegría. Sostiene el alma y fortalece el cuerpo. Es casi como un regalo precioso, este regalo de la alegría, es para llevarlo suavemente y usarlo frecuentemente. Como creaciones de Dios. fuimos creados para vivir alegres siempre. Estás propenso más y más a portar la marca de la felicidad. Reconócela en ti y celébrala.
por Mary-Alice y Richard Jafolla