Todos tenemos necesidades. Sin embargo, estas no son el verdadero problema que nos mantiene despiertos. Cuando enfocamos nuestra atención en lo que no tenemos, experimentamos ansiedad y una sensación muy grande de malestar. Al principio hay esperanza, pero rápidamente se disipa tan pronto nos llaman a cobrarnos, o al recibir una cuenta de cobro inesperada, o al continuar desempleados. Concentrarse en el problema y tratar de buscarle solución es el método antiguo. El nuevo milenio ya llegó. Exige que dejemos nuestras necesidades a un lado. Una vida próspera no se puede iniciar concentrándonos en lo que nos falta. Se inicia cuando fijamos nuestra atención en el presente.