Cuando tenía 40 años, vivía y trabajaba en la ciudad de Nueva York. Los domingos asistía a las charlas del ministro Unity Eric Butterworth en el auditorio Avery Fisher. También escuchaba —y me encantaban— las meditaciones dirigidas por su esposa, Olga, antes de las pláticas de Butterworth. Gracias a sus enseñanzas aprendí que el propósito de la vida es convertirse en la mejor versión de sí mismo. Para entonces, leer La Palabra Diaria había sido parte de mi rutina matutina por años, junto con el ejercicio y la meditación. Esto puede sonar robótico mas no es así, porque una vez que preparas tu mente para algo y lo haces, eres libre. Estas prácticas me ayudaron a avanzar a través de un cambio sorprendente en mi exitosa carrera en Avon Products, Inc. Empecé allí como director de desarrollo de ventas en 1985. En unos pocos años, después de múltiples asignaturas mundiales, me convertí en presidente y jefe de operaciones de Avon en USA. Luego, después de mi rápido ascenso, fui despedido. Años antes, cuando estaba en la Armada, aprendí una lección que permanece conmigo: construye habilidades toda tu vida para que siempre tengas la capacidad de responder rápidamente. Sí, me dolió perder un trabajo que “me encantaba y que estaba haciendo bien”, pero ser despedido me llevó a una oportunidad increíble. Me uní a Tupperware Worldwide en 1992 y cinco años después fui nombrado presidente y director general de Tupperware Brands Corporation. Los últimos 20 años han sido maravillosos. Vuelvo a pensar en Eric Butterworth, quien compartió esta cita de Robert Frost: “La primera cosa que hago por la mañana es hacer mi cama y luego preparar mi mente acerca de qué clase de día va a ser”. Todo comienza mentalizando. La Palabra Diaria sigue siendo parte de mi práctica espiritual, ayudándome a “preparar mi mente” para convertirme en la mejor versión posible de mí mismo.