Tu Espíritu fortalece mi mente y mi cuerpo, y descanso en la paz de la salud y perfección. Todo pensamiento ansioso es acallado. Tu poderosa confianza y paz me envuelven. La omnipresente sustancia del Espíritu llena mi mente, y la abundancia se manifiesta en todas partes. MUCHOS metafísicos cristianos que están bastante familiarizados con la idea de la omnipresencia de Dios, Le hablan en términos que implican Su ausencia. En lugar de hablar directamente a Dios que está siempre en medio de nosotros, hablamos acerca de Él. Solemos decir: “Dios fortalece mi alma y mi cuerpo” en lugar de Tu Espíritu fortalece mi alma y mi cuerpo.” Nuestras palabras traicionan nuestro dominante estado mental aunque la lógica de la Verdad quizás desmienta esto. Vemos lógicamente que no puede haber ninguna separación en espíritu entre el Creador y lo creado, pero lo creado tiene poder de pensar de sí mismo como separado de su fuente, y este pensamiento hace un vacío mental en donde hay total ausencia de atributos espirituales. La familia humana en este planeta ha fijado esta clase de vacío mental y a menos que adiestremos nuestra mente a pensar la verdad, nos encontramos hablando a Dios como si estuviera en el cuarto contiguo o en un remoto cielo. Nosotros en nuestros días y edad no estamos solos al hacer a Dios la tercera persona en nuestra conversación. Los autores de la Biblia hicieron lo mismo. Debemos recordar que la gente que vive hoy es la misma que vivió en el pasado; en otras palabras, somos gente que nos pensamos separados de la vida de Dios y por eso destruimos nuestro cuerpo. Somos también como aquéllos que actúan como el hijo pródigo, deseando estar unidos de nuevo al Padre. No obstante, no debemos olvidar que, aunque el Padre fue “movido a compasión, corrió, lo abrazó y beso” el pródigo estaba todavía “lejos”. Nadie sino Jesús ha cruzado completamente este golfo de separación y es excusable que a veces nosotros caigamos en la vieja consciencia de separación Padre. Jesús nos da la correcta indicación al decirnos: “Es el espíritu el que da vida; la carne nada aprovecha; las palabras que os he hablado, son espíritu y son vida”. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, del mismo modo dio al Hijo tener vida en mismo.” Encontramos que debemos adiestrar nuestra mente en la confianza; buscar persistente y continuamente a Dios para todas las cosas y tener la seguridad de que lo que pedimos y afirmamos en el Espíritu seguramente sucederá. Jesús tenía tan suprema confianza y fe en el Padre como la fuente de salud y prosperidad, que Su nombre se ha vuelto el sinónimo y la puerta abierta para la manifestación de esas cosas. Él dijo que cualquiera cosa que pidiéramos al Padre en Su nombre sería concedida. Muchas personas logran un levantamiento mental y consciencia del Espíritu muy definitivo, repitiendo audible y silenciosamente el nombre de Jesucristo. Pero el nombre no representa el verdadero carácter de la persona a menos que sea conocido por nosotros a través de nuestro conocimiento de la persona misma. A menos que hayas leído acerca de Jesús y tratado de comprender Su amor, sabiduría y poder supermental, no tienes la concepción del significado de Su nombre. Pablo nos urgió a que dejemos que Cristo se forme en nosotros. Esto significa que por medio del estudio de la vida de Jesús y la disciplina que dio a Su mente, pondremos en la nuestra las misma ideas que Él tuvo. Estas ideas formarán en nuestra mente una nueva clase de hombre: el hombre de Dios. Cuando vuelves tu atención al Espíritu, tu mente hace contacto con un plano de ideas mucho más alto que el nivel de tu común pensar y cuando tocas esta estratosfera mental eres tremendamente levantado. Entonces haces tú declaración de Verdad y cualquiera cosa que decretes, sucederá. Elifaz, cl amigo de Job, le dijo: “Familiarízate ahora con él y está en paz: de esa manera el bien venderá a ti Declararás también una cosa y ella será establecida para ti; y la luz brillará en tus caminos”. Enséñanos a orar – Charles Fillmore – Cora Fillmore