jueves, enero 17, 2019

La oración gozosa

Hay vibraciones en el espacio que nuestros hombres de ciencia no han discernido ni medido aun. Estas cantidades no descubiertas están relacionadas con la Mente del Ser y deben ser percibidas por medio del desenvolvimiento, en el hombre, de facultades de la supermente.

Cuando el adiestrado metafísico cristiano ora, puede, con una consciencia disciplinada, hacer contacto con estas fuerzas en el éter y a través de ellas alcanzar cierta unidad con la Mente del Ser. La consciencia así lograda se designa como la consciencia de Cristo o la mente del Señor Jesucristo.

Cuando la unión se alcanza se siente un aumento de poder espiritual y tenemos la seguridad de principios espirituales activos en nosotros de los cuales hasta aquí no nos habíamos percatado. Pero ningún hombre conoce todavía todos los gozos de la vida, ni los conocerá hasta que haya llegado a la entera comprensión de la comunión espiritual con Dios.

Ningún hombre sabe la plenitud de la vida ni sus gozos hasta que ha orado con humildad y acción de gracias y ha recibido la dulce, pura realización de Jesucristo. Verdadero y perdurable gozo nace de adentro. La naturaleza de la honda vida interior es revelada solamente a aquéllos que penetran espiritualmente en su origen.

¿Quieres alimentar el alma con los gozos del cristiano científico? Si los quieres, tienes que comprenderlos y dar gracias en oración por la vida más abundante. Entonces encontrarás que un gran pozo subconsciente de agua viva empezará a burbujear en tu alma y tú llegarás a saber que hasta aquí has estado viviendo en lo trivial de la vida en lugar de sus poderosas profundidades. Serás bendecido con el conocimiento de la unidad de todas las cosas y una gran paz y armonía manarán dentro de ti.

El hombre debe experimentar la armonía espiritual y ahí está la fuente de un gran secreto. Los genios musicales dicen que ellos oyen primero sus antes de darles forma externa. Los poetas visten con palabras y dan habitación y nombre local a lo que a las mentes prácticas parecen naderías aéreas.

Pitágoras, el antiguo filósofo, escribió que Dios estaba cantando la expresión del universo y que los soles y planetas eran las notas de un grandioso pentagrama universal. Shakespeare, en El Mercader de Venecia, hizo decir a uno de sus personajes ¡Con que dulzura duerme la luna en esta orilla! Aquí nos sentaremos dejando que la música se insinúe en nuestro oído. La quietud y la noche se vuelven toques de dulce armonía…

Ve como el pavimento de los cielos está incrustado de brillante oro.

Ni el más pequeño astro que contemplas, deja en su movimiento de cantar como un ángel uniéndose al concierto que cantan extasiados los querubines de joven mirada.

Esa misma armonía llena el alma inmortal.

La realización de Dios como una gran persuasiva, todo sabedora presencia, una sostenedora fuerza presente en todas partes, donde cada hombre funciona y trabaja su propia salvación, ha de establecerse como poderoso baluarte que nos fortalece contra toda creencia adversa. Se dice que en el océano de la vida un hombre gozoso es buen marinero. Esto es verdad. La fuerte, gozosa naturaleza se abrirá paso donde otros caen a orillas del camino. La alegría, la alegría espiritual, es nuestra por derecho divino: nos mantiene a flote y nos urge a avanzar hacia la realización.

Es imposible fundar fortaleza duradera en nosotros en nada menos que la comprensión de que Dios es un Dios de gozo. Es por medio de la comprensión de esta verdad que bebemos con entusiasmo del vino de la vida. Con frecuencia durante serenos, sobrios momentos, el hombre interno, la mujer interna, se conmueve con recién nacida gozosa previsión. Mientras oramos, toda comprensión elevada que nos llega nos fortalece para mayores realizaciones.

Y cuando oremos, oremos con un propósito. El propósito da a la vida un significado real. Cuando nuestro ojo está puesto en un objetivo, no somos fácilmente perturbados. Un propósito despierta nuevas líneas de pensamiento; las dirige a nuevos campos de acción. En realidad, para alcanzar éxito debemos tener en nuestra mente un gran propósito, alguna meta hacia la cual trabajar. Pero sobre todo, nos debemos proponer siempre en nuestro corazón realizaciones espirituales. Cuando estudiamos la gran Presencia y Poder, llegamos a saber que no hay capítulo en nuestra vida que sea un fracaso tal, que no tenga detrás un gran propósito, el cual en alguna parte, de alguna manera, se manifestará de modo ennoblecedor, grato a los ojos de Dios.

“Enséñanos a orar”

Charles Fillmore -Cora Fillmore.